Cuando la movilidad urbana excluye a quienes más la necesitan

Testigo Urbano / Por: José Pelayo / Arquitecto

En toda la ciudad se observan obstáculos para las sillas de ruedas y muchas banquetas son un reto

Accesibilidad: Una deuda cotidiana fuera del escaparate turístico.

Puerto Vallarta, reconocido destino turístico internacional, enfrenta un desafío profundo en su desarrollo urbano: la falta de accesibilidad para personas con discapacidad física. Aunque la ciudad es cada vez más atractiva para jubilados y residentes extranjeros —muchos con condiciones que limitan la movilidad, como amputaciones, secuelas de enfermedades o lesiones de guerra— su entorno físico sigue representando barreras cotidianas que dificultan incluso las rutas más básicas.

Aunque la conversación pública suele centrarse en el Centro Histórico, el Malecón o la Zona Hotelera, la mayor carencia de accesibilidad en Puerto Vallarta se encuentra en las colonias donde vive la población local. Son barrios donde la movilidad reducida no es una excepción, sino parte de la vida diaria: adultos mayores, personas con discapacidad permanente, lesionados por accidentes laborales o de tránsito, y familias que dependen del espacio público para su subsistencia.

En estas zonas, la falta de infraestructura accesible no afecta la experiencia turística, sino el acceso a la salud, la educación, el trabajo y la vida comunitaria.

El derecho humano a la accesibilidad, reconocido por organismos internacionales y plasmado en instrumentos como la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD), exige que el entorno físico, el transporte y los espacios públicos permitan la participación plena de las personas con discapacidad. Esta obligación no es sólo ética, sino un requerimiento legal cuya implementación en Puerto Vallarta ha sido insuficiente y fragmentaria.

Una realidad documentada: calles y banquetas hostiles

Informes periodísticos y demandas ciudadanas reflejan que las personas con movilidad reducida —quienes utilizan silla de ruedas, bastones, muletas o perros guía— enfrentan dificultades diarias para desplazarse con seguridad en la ciudad. En múltiples puntos, las banquetas presentan desniveles, ausencia de rampas adecuadas, pavimento deteriorado, obstáculos como postes o basura, y cruces peatonales mal señalizados.

Además, en recientes sesiones del Ayuntamiento se han planteado iniciativas para que se realice una evaluación técnica integral de accesibilidad en plazas públicas (por ejemplo, en la Plaza de Ixtapa), con el objetivo de identificar barreras físicas y proponer intervenciones necesarias para garantizar la movilidad incluyente. Las cifras locales indican que, solo por discapacidad física, hay miles de personas en Puerto Vallarta que requieren infraestructura accesible.

El Centro Histórico —uno de los espacios urbanos más frecuentados por turistas y residentes— ha sido objeto de estudio académico por su papel en la vida social y cultural de la ciudad, pero poco se sabe aún sobre si sus condiciones permiten su uso pleno por personas con movilidad reducida.

¿Por qué importa la accesibilidad urbana?

La accesibilidad en la calle no es un lujo ni un detalle estético: es una condición básica de dignidad y autonomía. Cuando una persona en silla de ruedas no puede cruzar una calle con seguridad, acceder a una plaza pública, abordar transporte, o entrar a un comercio, no solo pierde movilidad… pierde participación social, oportunidades de empleo, acceso a servicios de salud y autoestima.

Además, una ciudad accesible también beneficia a otros grupos, como adultos mayores, familias con carriolas y personas con discapacidades temporales. Es un principio básico de diseño universal: las ciudades diseñadas para todos son ciudades más inclusivas y resilientes.

Casos exitosos en otras ciudades

Cartagena, España: inclusión urbana integrada

Cartagena obtuvo el “Access City Award 2025” de la Unión Europea por su enfoque estratégico en inclusión urbana. La ciudad incorpora criterios de accesibilidad en todos los proyectos públicos, garantizando que calles, espacios culturales y comunicaciones sean transitables para personas con discapacidad y otros colectivos con movilidad limitada.

Chester, Reino Unido: adaptando historia con accesibilidad

Chester, ciudad histórica europea con infraestructura antigua, ha logrado convertir vías y espacios patrimoniales en accesibles mediante rampas, elevadores y múltiples puntos de acceso para silla de ruedas. Su enfoque colaborativo con organizaciones de discapacidad en decisiones de planeación urbana se ha convertido en un referente internacional para ciudades de patrimonio similar.

Galveston, Texas: certificación turística accesible

En Estados Unidos, Galveston fue certificada como un destino turístico accesible tras evaluar y adaptar más de 50 ubicaciones —incluyendo transporte, hoteles, restaurantes, playas y parques— con estándares de accesibilidad que facilitan la visita de personas con movilidad reducida sin sacrificar calidad de servicios.

Ljubljana, Eslovenia: tecnología y diseño inclusivo

En Europa, ciudades como Ljubljana combinan rutas accesibles, transporte inclusivo y tecnologías de apoyo (por ejemplo, aplicaciones y dispositivos para silla de ruedas) que permiten una experiencia urbana fluida, aun en entornos complejos.

Propuestas para Puerto Vallarta: un plan de acción con impacto

Para transformar a Puerto Vallarta en una ciudad accesible y socialmente inclusiva, las siguientes propuestas se fundamentan en estándares internacionales, derechos humanos y buenas prácticas urbanas:

Auditoría integral de accesibilidad urbana

Realizar un diagnóstico técnico detallado de calles, banquetas, plazas, paradas de transporte y accesos a edificios públicos para identificar barreras físicas existentes y priorizar intervenciones con base en el uso y concentración de personas con discapacidad. Este diagnóstico debe ser público y participativo, involucrando a organizaciones sociales, urbanistas y expertos en diseño universal.

Rediseño de banquetas y cruces peatonales

  • Dimensiones adecuadas de banquetas, con ancho mínimo que permita el paso de sillas de ruedas en ambas direcciones.
  • Rampas continuas con pendientes suaves y sin interrupciones.
  • Superficies antideslizantes y niveladas, libres de obstáculos como postes, basura o vegetación sobrecrecida.
  • Estas intervenciones no solo facilitan la movilidad en silla de ruedas, sino también la de personas con bastón, muletas o perros guía, así como de adultos mayores con movilidad reducida.

Transporte público inclusivo

Adaptar unidades de transporte con rampas o plataformas elevadoras, espacios reservados y señalización audible y visual que facilite el uso por personas con discapacidad. Las experiencias de sistemas de metro inclusivos en ciudades como Nagpur (India), que cuentan con elevadores, rampas y personal capacitado para asistencia, pueden ser una referencia inspiradora.

Turismo accesible: una ventaja competitiva

Promover rutas, playas, museos, restaurantes y hoteles que cumplan con criterios de accesibilidad puede posicionar a Puerto Vallarta como destino preferido para viajeros mayores o con discapacidad. Ejemplos de playas adaptadas en México —como Playa Cuastecomates en Jalisco o Playa Fundadores en Playa del Carmen— demuestran que la infraestructura inclusiva es posible y valorada por visitantes.

Participación ciudadana y capacitación institucional

Incentivar que organizaciones de personas con discapacidad participen en el diseño y evaluación de políticas de accesibilidad. Capacitar al personal municipal sobre diseño universal, etiquetado adecuado de rutas accesibles y atención incluyente.

En Puerto Vallarta, la accesibilidad no debe verse como un complemento a la urbanidad, sino como un marco que garantice la igualdad de oportunidades para residentes, visitantes, jubilados nacionales y extranjeros con movilidad reducida, o quienes dependen de ayudas técnicas permanentes. La transformación hacia una ciudad verdaderamente inclusiva exige voluntad política, financiamiento y planificación integrada, pero también es una apuesta por la justicia social, el desarrollo turístico sostenible y la dignidad humana.

Convertir a Puerto Vallarta en un modelo de inclusión universal no es un ideal lejano: otras ciudades han demostrado que es posible. La pregunta ya no es si se puede, sino cuándo se empezará con las acciones reales.

Una ciudad que presume hospitalidad no puede permitirse banquetas que excluyen. Mapear la accesibilidad es el primer paso para dejar de hablar de inclusión como discurso y empezar a construirla como infraestructura. La accesibilidad urbana no puede concentrarse donde hay turistas. Si Puerto Vallarta quiere llamarse una ciudad incluyente, debe empezar por sus colonias, donde la movilidad no es comodidad, sino supervivencia.

Recomiendo asesoría para ejecución de proyectos en la ciudad, a la organización Libre Acceso: https://libreacceso.org

Si consideras propuestas de mejora que deban de ser revisadas, envíalas por favor a la redacción de este medio de comunicación o también puedes también contactarme directamente a mi correo electrónico:

jose.pelayo@lebenswerkmexico.com | https://about.me/jose.pelayo 

Juntos contribuyamos para hacer de Puerto Vallarta un hermoso lugar para vivir.