La envidia
Consejos de una bisabuelita moderna / Por un México mejor
El joven sin pelo, en la hora del descanso, dijo a sus compañeros:
—¿Con qué objeto se trunca el porvenir de la gente que verdaderamente vale? ¿Cómo es posible tratar de hundir al que, en forma altruista, ayuda a sus semejantes?
El nuevo estudiante respondió:
—¡Por la envidia!
El gracioso dijo:
—¡Cierto! ¡Por pura envidia!
La hermosa joven expresó:
—Porque uno de los problemas que actualmente enfrentan estos chicos “muy modernos” es el no poderse ubicar correctamente en el tiempo y el espacio. Cuando toman conciencia de que alguien ha logrado esa admiración y respeto que tanto deseaban, tratan de eliminarlo para ser ellos los primeros en todo y que todos los feliciten… ¡Pobres tipos, son dignos de lástima!
Todos dijeron al mismo tiempo:
—¡Cierto!
El joven sin pelo añadió:
—Si te enseñan a pasar toda tu vida de forma positiva… ¡nunca tendrás tiempo para la envidia! Ni para tratar de destrozar a tus semejantes. Al contrario, tratarás de amarlos, respetarlos, admirarlos y ayudarlos en la medida de tus posibilidades.
Todos, aplaudiendo, dijeron:
—¡Cierto!
Otro joven se paró en el centro y habló en voz alta:
—Los que envidian son infelices. Al ver que alguien es mejor que ellos, sacan, por lo regular, conjeturas erróneas de sus semejantes… ¡Porque no soportan la idea de que otra persona sea el o la más admirado(a)!
Otra joven continuó:
—Es importante que los ególatras dejen de soñar despiertos y de alabar continuamente a su ego. Mejor que actúen positivamente: no critiquen, ni envidien… Es mejor que admiren y elogien el éxito de los demás.
El gracioso, brincando en el centro, gritó (mientras todos se espantaban):
—¡Cierto, así lo haré!
Todos asustados gritaron, mientras él reía a carcajadas.
La hermosa joven, molesta, le dijo:
—¡Ya deja de actuar y mejor piensa un poco! Porque en el fondo de tu ser, lo que más criticas es lo que más anhelas, y, por ironías del destino o por flojera, no lo logras realizar… ¡En conclusión, criticas a los envidiosos!
Él, poniéndose de rodillas y haciendo sus clásicas muecas, le dijo:
—¡Por favor, no me envidies!
Todos se rieron a carcajadas, incluso la misma hermosa joven, quien le dijo:
—Perdóname tú, por favor.
El joven gracioso se levantó de inmediato y, dándole un tierno beso en la mano, le pidió perdón nuevamente.
Todos le dieron las gracias.
El maestro, feliz, le dijo con cariño:
—Despierta y abre tus ojos para un mundo mejor. Dirige todos tus sentimientos positivamente hacia una nueva vida llena de metas reales que ansiosamente te esperan. Lógicamente, habrá ligeros tropiezos, pero no temas: adelante, tal y como lo hacen los triunfadores. Salir adelante no es cuestión de suerte, sino de constancia, dedicación, desvelos y mucho trabajo. Pero los frutos son definitivamente deliciosos, y más si los compartes con tus semejantes… ¿Ya ves que no está fuera de tu alcance seguir adelante y ser un triunfador?
Para mis maravillosos ángeles del “Grupo Canica”.
Cariñosamente, su bisabuelita Ana I.

