La drogadicción; el octavo pecado capital
Consejos de una Bisabuelita Moderna / Por un México mejor
El nuevo estudiante expresó a sus compañeros:
“En casi todo el mundo se ha oído hablar de los siete pecados capitales, y, en caso de fingir demencia por no ir de acuerdo con nuestro modo de vida, permítanme recordarles que son: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. A estos siete, debido a la problemática que actualmente ha causado la droga, tanto en su venta como en su consumo, agregaría la drogadicción como el octavo pecado capital. Porque, si analizamos profundamente, encontramos que se trata de la conjunción de los otros siete”.
Todos dijeron:
“¡Tienes toda la razón!”
Los maestros, extrañados, se dirigieron a donde todos se reunían en el descanso.
La hermosa chica, llorando, dijo:
“¡Tienes toda la razón! Cada día hay no solo más jóvenes, sino también más niños drogadictos en todo el mundo. ¡Están destrozando la inocencia de esos maravillosos ángeles terrenales! Pero sus papás están tan ocupados en sus asuntos que… ¡los hijos pasan a un segundo plano!”.
Los maestros intervinieron, y uno de ellos expresó:
“¡Tienen toda la razón! Por eso, todos nosotros tenemos la obligación de alertar a nuestros alumnos sobre la gran importancia de cuidar nuestro maravilloso y perfecto cuerpo, el que Dios mismo nos otorgó. Recordemos que solo tenemos uno… ¡para toda nuestra vida! Debemos cuidarlo y respetarlo siempre. Por eso admiro a los niños del Grupo Canica, que están enfermos de cáncer, porque su misión es decirles a todos esos jóvenes sanos, con cuerpos fuertes y esculturales:
“Nosotros estamos luchando por una hora más de vida, y ustedes, en una hora de placer con drogas, alcohol o sexo mal entendido, terminan con su salud. Incluso, pueden morir peor que nosotros, con terribles enfermedades venéreas o por no despertar después de una pequeña dosis de drogas.’”
El bromista intervino:
“¡Qué razón tiene, maestro! Por eso yo nunca me drogaré”.
Haciendo sus clásicas caras, provocó que todos rieran a carcajadas.
Otro joven, molesto, le dijo:
“¡Creo que tú eres peor que las mismas drogas!”.
El bromista, avergonzado, respondió:
“¡Perdón!”.
El maestro le dio una palmada en la espalda y dijo:
“¡Prefiero verlos sonreír que tristes!”.
Todos soltaron una carcajada, tanto maestros como jóvenes:
“¡Ja, ja, ja!”.
Un maestro expresó:
“La soberbia es altiva, arrogante, orgullosa, insolente e incapaz de aceptar los errores de los demás. Quien la padece se cree perfecto. La mejor cura es ser más humildes”.
Otro añadió:
“La avaricia es el almacenamiento de riquezas sin disfrutarlas, creyendo que alguien nos las robará”.
Un maestro dijo:
“La lujuria es el deseo desmedido de placeres sexuales con quien sea. ¡Qué triste!”.
Una maestra agregó:
“La ira es el deseo de venganza. Es mejor ser pacientes y evitar el enojo”.
Otra maestra comentó:
“La gula es comer y beber de forma incontrolada. ¡Hagámoslo con moderación!”.
El maestro añadió:
“La envidia es codiciar lo que tienen los demás. ¡No descuidemos lo nuestro!”.
Finalmente, otra maestra concluyó:
“La pereza es actuar de forma desobligada. ¡Debemos ayudar a los necesitados!”.
Para mis hermosos ángeles del “Grupo Canica”.
Cariñosamente, su bisabuelita. Ana I.

