La cuarta transformación ahoga su bandera por incongruente

Percepciones / Por: Roberto Franco Briones / Consultoría en Imagen Pública ICONOS

Los hechos por los que el Poder Legislativo y el Poder Judicial han sido señalados no constituyen un abuso automático ni una falta a algún reglamento

No hay nada grave en que alguien ayude a limpiar unos zapatos (de buena fe) antes de un acto público como le pasó al ministro presidente Hugo Aguilar. Tampoco es, por sí mismo, escandaloso que los representantes de la Suprema Corte cuenten con camionetas blindadas para su seguridad, y quitándole lo amarillista, que en el Senado de la República exista un salón de belleza no es malo, porque en teoría esto permite que sigan trabajando mientras hacen esta actividad. El problema es la incongruencia, pues está perjudicando su imagen profesional. el pez muere por su propia boca.

Los hechos por los que el Poder Legislativo y el Poder Judicial han sido señalados no constituyen un abuso automático ni una falta a algún reglamento. El verdadero problema no está en los actos, está en el discurso por el cual llegaron al poder. Durante años, esas mismas cosas y acciones fueron presentadas como símbolos del exceso y del privilegio.

Antes las camionetas blindadas eran lujos ofensivos, las comodidades institucionales eran calificadas como un gran derroche, y cualquier gesto asociado al poder era denunciado como símbolo de corrupción. Ese discurso no solo criticaba prácticas, también construía una identidad ética basada en la austeridad y la supuesta diferencia frente al pasado.

Por eso, cuando quienes sostuvieron esa historia terminan usando aquello que condenaron, la discusión deja de ser material y se vuelve moral, porque no hay congruencia en los dichos y los hechos. Miren, ya no indigna que dos personas estuvieran hincadas limpiándole los zapatos al ministro presidente ni los carros blindados, lo que molesta a la gente es la mentira de un cambio que no existe. 

Lo que antes era prácticamente pecado ahora se redefine como necesidad, contexto o un simple malentendido (como si no tuviéramos capacidad de análisis). Lo que sin duda es un doble discurso: primero se condena con fuerza para ganar legitimidad frente al pueblo y después, ya en el poder, se hace lo mismo que se criticó y lo envuelven en una serie de explicaciones técnicas.

Mismas explicaciones que sólo han generado mayor desconfianza porque ni siquiera han tenido un apoyo eficiente de expertos en imagen o comunicación. El lujo deja de ser lujo cuando lo disfruta quien antes lo señalaba. En ese proceso, no hace falta que nadie los exhiba. Ellos mismos se colocan la soga al cuello.

Cada justificación refuerza la contradicción original. El problema no es gobernar con recursos, sino haber hecho de la renuncia a esos recursos una bandera moral y luego abandonarla sin asumir el costo. Al final, no los delata lo que hacen, sino lo que dijeron que nunca harían. Y esa soga no se la puso nadie más: se la pusieron solos.

Roberto Franco Briones

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