La Chaîne des Rôtisseurs en La Casa

Chaîne des Rôtisseurs

Vanessa Blouet inauguró el 2025 con un festín inolvidable

Cerramos el 2024 con una cena de artistas, y ahora, qué mejor manera de inaugurar el 2025 que con un festín digno de la Chaîne des Rôtisseurs. La directiva trazó un plan ambicioso: sorprender y deleitar a sus miembros con experiencias gastronómicas memorables; y el primer evento del año cumplió con creces esta promesa.

En diciembre pasado Vanessa Blouet abrió las puertas de La Casa en Bucerías,

escenario perfecto para este primer encuentro. Su historia con la cocina se remonta a la infancia cuando acompañaba a su padre, el renombrado Thierry Blouet, a las cocinas del Café des Artistes. Aquel temprano contacto con la alta gastronomía la llevó a formarse en L’École Ferrandi de París y a perfeccionar su arte en restaurantes con estrellas Michelin como La Table du 11 y La Dame de Pic. Sin embargo, como ella misma declara, “la verdadera escuela del paladar fue mi casa”, donde aprendió el arte de combinar sabores mediterráneos y franco-mexicanos, sello distintivo del concepto que ahora lidera.

La apertura

La convocatoria reunió a unos 50 comensales, quienes disfrutaron de un menú

meticulosamente diseñado; el maridaje estuvo a cargo de Javier, sommelier del Grupo Blouet. La velada inició con un par de cócteles: un mezcal infusionado con frutos rojos y una margarita de maíz, acompañados de láminas de foie gras con piña tatemada. Una entrada que marcó el tono de la tarde con su armonía entre dulzura, untuosidad y notas tostadas.

El siguiente bocado sorprendió tanto en técnica como en textura: un cojín crujiente de hummus al jalapeño, relleno con pesca del día, pasta chitextle y pickles de jalapeño. La combinación de elementos elevó cada ingrediente, fusionando cremosidad, acidez y un toque de picante con delicada maestría, pero el verdadero espectáculo comenzó con la presentación del primer plato. En cada

mesa llegaron hondos recipientes con granos de maíz palomero, sobre los cuales

descansaban tres cascarones de huevo impolutos. Dentro de cada uno, una yema

cocida y finamente rallada, espolvoreada con mini chapulines de Oaxaca, reposaba sobre una base de mole rosado de exquisita suavidad. El Vinho Verde Aveleda, con su frescura y ligeras burbujas, complementó con precisión este platillo innovador.

El desfile de sorpresas continuó con un aguachile de atún crudo en infusión de fresa y cítricos, realzado con diminutos chícharos frescos y un sutil toque de aceite de avellana. Su presentación impecable convertía cada plato en una pequeña obra de arte.

Luego llegaron los elotitos baby, cubiertos con una sedosa crema trufada y coronados con delicadas hebras de Grana Padano finamente rallado. Un platillo tan elegante en su ejecución que generó un dilema: ¿admirarlo o ceder ante la tentación de probarlo de inmediato? Su maridaje con un Chardonnay Belle Angelle de Languedoc resultó en una combinación celestial.

Plato fuerte

Cuando se pensaba que la excelencia había alcanzado su cúspide, apareció en la

mesa el huachinango zarandeado reinventado. Aquí, la tradición se encontró con la sofisticación: el filete, cortado en forma de pequeño pez, fue llevado a otro nivel con una delicada salsa beurre blanc que transformó cualquier preconcepción del clásico zarandeado vallartense. Coliflor rostizada y ensalada de arúgula al limón añadieron matices vibrantes a la experiencia, todo acompañado por un elegante Pinot Noir de Abbotts & Delaunay.

El menú avanzó en un crescendo de perfección hasta llegar al lechón horneado, cuya carne, jugosa y tierna, contrastaba con la crujiente textura del chicharrón. Bañado en una exquisita salsa de agave, el platillo fue realzado por la intensidad de un Nebbiolo DOC de Riva Langhe, Piemonte. Pequeños pétalos de flores aportaban un sutil juego de colores que enmarcaba esta obra maestra culinaria.

El cierre

El broche de oro llegó con un baked Alaska individual, ahumado de vainilla y cassís con notas de cardamomo. Su presentación fue tan espectacular como su sabor: cada porción se bañó con un licor flameante que añadía dramatismo a la escena. Para este cierre apoteósico, se sirvió un Champagne Veuve Clicquot Rosé, de la región de Reims, un maridaje que amplificó la magia del postre.

Finalmente, lo que suele ser una simple nota de despedida en los eventos de la Chaîne se convirtió en una mención obligada: los petit fours de Vanessa Blouet fueron dignos de protagonismo. Sus macarons de fresa con toques cítricos se deshacían en el paladar, mientras que las trufas de chocolate con caramelo salado y pistaches cerraron la velada con un punto de perfección.

Sin duda, un banquete excepcional, a la altura de la familia Blouet y de la distinguida de la Chaîne des Rôtisseurs.