El juicio verdadero

Red Interna / Por: Humberto Famanía Ortega

No cabe duda de que nuestro pueblo se vuelve cada día más exigente en sus demandas. Lo observamos en sus manifestaciones, en los medios de comunicación locales, y también en plazas públicas y calles de la ciudad. Ante esta realidad, las opciones que ofrecen las distintas organizaciones sociales son analizadas con profundidad por la ciudadanía, que realiza observaciones puntuales sobre el motivo de las exigencias planteadas a la autoridad municipal. Se busca el diálogo en un marco donde la honestidad y la capacidad de interlocución generen soluciones precisas. Hoy, las tareas que se exigen a la autoridad requieren metas y programas bien definidos para evitar improvisaciones, pues estas son sinónimo de ineficiencia y, por lo tanto, no garantizan un desempeño capaz de atender las necesidades comunes de un municipio que demanda desarrollo equilibrado.

En repetidas ocasiones he sostenido, a lo largo de mi labor periodística, que el único juicio ecuánime y neutral sobre un hombre o mujer públicos es aquel que elabora, pausada e irrebatiblemente, la historia: el que surge del pueblo anónimo y recto. Es a él a quien hay que cumplirle con pasión, trabajo y constancia. Basta ya de que existan funcionarios —en los tres niveles de gobierno— que prefieran la política de encierro palaciego, convirtiendo su recinto de trabajo en un claustro burocrático. A estos se les recomienda el contacto personal con el pueblo para conocer de forma directa sus carencias. Para ello, sin embargo, se requiere vocación de servicio. Por eso es urgente que, en el futuro, a quienes deseen ingresar a la administración pública se les examine con rigor en cuanto a capacidad, honestidad y trato personal.

Unidos para mejorar

Es tiempo de que cada quien asuma sus responsabilidades y deje de lado las críticas estériles, que solo benefician a los agoreros del desastre. Seamos miembros dignos de una comunidad tan pujante como la nuestra. Es justo ubicar a Puerto Vallarta en su exacta dimensión, autoevaluándonos constantemente en nuestro peregrinar por la vida, para reconocer lo que somos y aquello que, a pesar de haber sido capaces de hacer, no hicimos. A quienes tuvimos el privilegio de servir a esta comunidad desde el sector público, los invito a evitar confrontaciones y a no escupir hacia arriba. Si algo distingue a los vallartenses de otros pueblos, es nuestra memoria histórica. No se vale engañar a un pueblo que ha abierto sus corazones a miles de mexicanos provenientes de diferentes regiones del país en busca de nuevas oportunidades de trabajo, y que hoy, algunos de estos, se creen los divinos redentores. Mejor los invitamos —con el respeto que merecen en su calidad de seres humanos agradecidos— a integrarse a la comunidad, respetando nuestras tradiciones y costumbres.

Lo que deseamos la mayoría de este pueblo es que todos nos convirtamos en agentes activos de nuestro desarrollo regional, aumentando la productividad en estos tiempos tan difíciles. Unidos seremos mejores para este paraíso de occidente.

Contacto y/o sugerencias: humfama@gmail.com