El analfabetismo funcional en acción

Educación y parentalidad /Por: Dr. Jesús Cabral Araiza

Las personas que, a pesar de saber leer o escribir, no entienden lo que están leyendo o le dan una interpretación errónea, padecen analfabetismo funcional.

“El mayor amigo de la verdad es el tiempo; su más encarnizado enemigo, el prejuicio; y su constante compañera, la humildad.”

—Jules Renard

Puerto Vallarta, Jalisco.-

Para establecer qué es el analfabetismo funcional —a diferencia de su antecesor, el analfabetismo a secas— veamos la siguiente definición formal: es la incapacidad de una persona para usar eficazmente sus habilidades de lectura, escritura y cálculo en la vida diaria, a pesar de saber leer o escribir frases sencillas. No es lo mismo que el analfabetismo absoluto, ya que implica una falta de comprensión para interpretar información, seguir instrucciones o desenvolverse en contextos sociales y laborales complejos, afectando el desarrollo personal y social.

Es decir, las personas que, a pesar de saber leer o escribir, no entienden lo que están leyendo o le dan una interpretación errónea. Así, las ganas de pelear con alguien en redes sociales, la desinformación y el poco entendimiento de muchas redacciones confusas “noticiosas” se juntan para que hoy en día, en las redes sociales, uno se encuentre con un sinfín de cosas sin sentido. Incluso, con solo dar la aprobación a una publicación, más de algún aludido se siente ofendido y reacciona violentamente.

Y es que estamos en la época que ya apuntaba atinadamente Umberto Eco: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.

Y es que cada vez más, y en la medida en que la gente siente trastocados sus intereses, se activan conductas que pueden ser violentas o violentar a otros, sin importar nada más que su protagonismo o fama de cinco minutos. Ya no existen pausas de reflexión antes de la acción. Existen personas tan faltas de identidad y propósito en la vida que buscan en otras causas —aunque no las comprendan— hacerlas suyas para destacar, aunque no sepan para qué o sean, de hecho, un mal ejemplo.

Con ello no quiero decir que no existan causas nobles por las cuales se deba luchar. De hecho, muchas de las luchas sociales de grupos minoritarios o de países completos han logrado cambios y mejoras de las que ahora gozamos. Pero igual estamos en una época en la que la información fluye a velocidad luz y en donde la gente tiene poca práctica con su pensamiento crítico —necesario por demás para no caer en la manipulación de unos cuantos—. Esto es lo que hace peligrosa a la gente sin entendimiento pleno de lo que defiende o de lo que dice protestar.

Ante esta realidad, le hago las siguientes sugerencias:

  • Sea obsesivo y acucioso en revisar sus fuentes y datos antes de emitir un juicio.
  • Si va a emitir un juicio, procure que sea sobre la base de información verificable.
  • No haga juicios de valor anticipados; piense un poco a quién beneficia su reacción.
  • Si no puede verificar dicha información, no la difunda.
  • Antes de difundir, piense en las afectaciones a terceros y en las consecuencias para usted.
  • Tiene que sostener sus dichos sin escudarse en personas o hechos ambiguos.
  • Sus dichos son su responsabilidad.
  • Revise sus fuentes electrónicas y la confiabilidad de las mismas.
  • Una vez generada la desinformación, los alcances pueden ser devastadores para personas o grupos humanos, incluso países.
  • Revise sus códigos personales de valores e integridad y haga los ajustes necesarios.

Les deseo la inteligencia suficiente para afrontar los retos tan abrumadores que ya tenemos todos. Un abrazo.