Celebración y retos contemporáneos en el Día de los Psicólogos(as) en México
Educación y parentalidad / Por: Dr.Jesús Cabral Araiza
Cuando entendemos que la competencia no está entre nosotros, sino con nosotros mismos, la actividad profesional se vuelve mejor y más llevadera
“Las personas que creen que tienen la facultad de ejercer cierto grado de control sobre sus vidas son más saludables, más eficaces y tienen más éxito que aquellas que no tienen fe en su capacidad para llevar a cabo cambios en sus vidas.”
—Albert Bandura
Seguro hemos escuchado a cada profesionista decir que la suya es la mejor profesión del mundo. Cada quien tendrá sus razones. Lo cierto es que necesitamos estar sumamente enamorados y ser apasionados con la profesión que hemos elegido, a fin de ejercerla de la mejor manera posible, tanto para nuestro desarrollo como para las vidas que tocamos con ello.
En mi caso, la psicología es una de mis pasiones. Sin duda, me interesa crecer como persona y satisfacer mis curiosidades académicas, y esta es el área indicada. Este 20 de mayo celebramos en México esta profesión, y es un buen momento para la reflexión, no solo para el festejo.
Con el paso de los años, observando la evolución de la profesión y los cambios y adaptaciones socioculturales, me llaman la atención los retos, tanto añejos como nuevos, que tenemos en el presente y hacia el futuro. No es dogma de fe, pero aquí les dejo algunos de dichos desafíos, que, a mi parecer, todos los que de una u otra forma colaboramos en esta disciplina debemos asumir para su mejora. Entre otros, tenemos los siguientes retos:
- Definir de manera unificada el objeto de estudio de nuestra profesión.
- Trabajar en la inclusión profesional, basada en la apertura epistemológica del conocimiento y no en la exclusión.
- Difundir socialmente las actividades profesionales que realmente realizamos y nuestro campo de trabajo.
- Respetar a cabalidad las normas y códigos de ética de la profesión.
- Apoyarnos en la actividad política de la profesión, no como aliada del sectarismo y la segregación profesional.
- Evitar las prácticas seudoprofesionales que denigran nuestra labor.
- Capacitarnos de forma permanente en nuestra área de interés.
- Denunciar la competencia desleal y la práctica sin licencia de la psicología por parte de otros profesionistas o personas sin estudios en el área.
- Normalizar la asistencia a supervisión por parte de los psicólogos, a fin de garantizar una mayor estabilidad personal y profesional.
- Gestionar una mayor cantidad de espacios gubernamentales y privados donde la labor del psicólogo sea reconocida como esencial.
- Dignificar los sueldos y prestaciones una vez que se realiza un trabajo profesional en áreas de la psicología.
Quizá muchos de los desencuentros entre profesionistas podrían resolverse desde el inicio, atendiendo muchos de los aspectos señalados aquí. No está de más sugerir acudir con un profesional de la salud mental cuando se tenga alguna duda sobre el quehacer profesional —sea usted psicólogo o no—; si lo ha olvidado, se lo recordará, y si no lo ha olvidado, estará más seguro y convencido de su saber profesional.
Y es que, cuando entendemos que la competencia no está entre nosotros, sino con nosotros mismos, la actividad profesional se vuelve mejor y más llevadera.
¡Felicidades a todos los colegas y amigos en su día!
