Aspiracionista

La ciudad imaginada / Dr. José Alfonso Baños Francia

En un país rico, pero con excesiva pobreza como es México, el aspiracionismo es vital para reducir uno de los grandes males nacionales: la corrupción
La Ciudad Imaginada Por: Dr. José Alfonso Baños Francia

El término “aspiracionista” ha sido utilizado con insistencia por el presidente López Obrador como un mecanismo discursivo devaluatorio hacia las personas o grupos que buscan salir adelante u ocupar otra posición social.

Lejos de contener características negativas, aspirar a mejorar es un elemento clave en la naturaleza humana. Imaginemos lo que hubiera sido de los habitantes prehistóricos si se conformasen con lo que tenían que enfrentar; no habrían adoptado el fuego ni la caza organizada como medio de subsistencia ni perfeccionado el lenguaje o la escritura. Lo mismo ha ocurrido en cada ciclo histórico, donde asistimos a la innovación constante como una forma de superación que da sentido a la civilización.

En los tiempos que corren, el concepto se ha desvirtuado para inscribirlo principalmente en la dimensión económica. Así, alguien que ha vivido en estratos con ingresos reducidos, buscaría el bienestar escalando posiciones hasta aumentar su patrimonio material o simbólico.

En un país rico, pero con excesiva pobreza como es México, el aspiracionismo es vital para reducir uno de los grandes males nacionales: la corrupción. Y es que debemos aspirar a desinflarla y aplicar la ley a aquellos que se aprovechan de su posición de poder para obtener ventajas indebidas, proponiendo otros paradigmas menos dañinos a pesar de los siglos de instituciones podridas que hemos construido. Algo similar sucede con la desigualdad, la violencia que no cesa, la constante pérdida de organismos autónomos y nuestra arraigada práctica de hacer caso omiso a la ley.

En la realidad urbana, requerimos aspirar a socializar las plusvalías generadas por la urbanización para beneficio comunitario evitando que sea capturada por pocas y amañadas manos. En ello es clave la implementación adecuada de los instrumentos de planeación urbana que se aplican discrecionalmente para favorecer a los poderosos. También urge tejer ambientes seguros para el desarrollo y vida plena de las mujeres, así como volver eficaz la experiencia de usar el transporte colectivo y crear viviendas adecuadas y dignas para todos.

Por lo que respecta a las ciudades turísticas, apremia crear condiciones para que la actividad recreativa se realice respetando la riqueza de la naturaleza y no destruyéndola. E incluir a los trabajadores en la justa repartición de los bienes producidos, evitando la precarización en el empleo o sus ingresos.

A nivel personal, bien nos vendría aspirar a ampliar nuestros horizontes para dejar de consumir bienes superfluos, desmontar el egoísmo al que nos acostumbramos y poder compartir saberes y productos con la comunidad. Esto ayudaría a desmontar entrenamientos dañinos con los que fuimos educados, como es la prepotencia, la violencia y el gandayismo.

Aspirar a lo bueno y a lo mejor es una fórmula que nos traería excelentes resultados como nación, sociedad e individuos. Lejos de desacreditar a los aspiracionistas, el jefe del Ejecutivo debería empeñarse en unir el talento y esfuerzo de todos los mexicanos, no sólo de su núcleo duro electoral, algo que parece escapar a su capacidad de entendimiento.