¿Amor Libre?
Consejos de una bisabuelita moderna / Por un México mejor
La hermosa chica habló durante el descanso y dijo a los jóvenes lo siguiente:
—No soy nadie para juzgar si algo está bien o mal, y si alguien se siente afectado por mi forma de pensar, pido disculpas de antemano. Cada quien tiene derecho a actuar por voluntad propia y decidir su forma de vida. Pero… nunca debemos olvidar que uno de los tesoros más grandes que Dios nos dio es la libertad. ¡Y jamás debemos confundirla con el libertinaje!
Todos gritaron:
—¡Cierto! ¡Eso mismo le dijimos al profesor!
Ella continuó:
—Por eso, nunca dejen que sus amigos los convenzan de que necesitan tener un… “AMOR LIBRE”… aunque les ofrezcan chicas hermosas y esculturales.
El gracioso del grupo interrumpió:
—¿Como tú?
Todos lo golpearon en la cabeza.
—¡Perdón! —dijo el bromista—. Solo lo dije para hacer reír a todos.
La hermosa chica lo defendió:
—No lo golpeen, pero debes comportarte mejor, como cuando te disculpaste con el profesor.
El bromista, arrodillándose ante ella, respondió:
—¡Lo intentaré! ¡Gracias por defenderme!
Todos aplaudieron y gritaron:
—¡Gracias!
Ella prosiguió, ahora con lágrimas en los ojos:
—La creación del mundo está fundada en un sentimiento maravilloso, puro y limpio, como lo es nuestro Padre Dios, un Ser Supremo que todo lo creó por amor a los habitantes de este enigmático planeta. Pero, aunque parezca increíble, hay personas que ni siquiera han tenido tiempo de sentirlo, atrapadas en un estilo de vida materialista y moderno.
Por ejemplo, hay padres estériles que recurren a tratamientos de “niño probeta” para continuar su linaje, pero al nacer, el bebé es criado por nanas porque sus padres, llenos de compromisos, delegan su responsabilidad. Así, esos niños crecen rodeados de lujos, pero educados al “ahí se va”, carentes de lo más valioso: el amor paternal.
Nosotros tuvimos la suerte de ser criados con el amor de nuestros abuelos, quienes incluso en colonias apartadas ayudan a familias que antes vivían en unión libre y tenían muchos hijos.
Todos exclamaron:
—¡Cierto! ¡Gracias a Papá Dios!
Ella, con voz entrecortada, añadió:
—He visto chicas millonarias que, deslumbradas por su belleza y poder, se acuestan con Clemente y otros veinte… y cuando quedan embarazadas, asesinan a sus bebés y siguen con su vida como si nada. Y como sus padres están tan ocupados, ni siquiera se enteran de lo que hacen sus hijas.
Todos coincidieron:
—¡Debemos exigir que en las escuelas quiten las “clases de educación sexual” y vuelvan a enseñar materias importantes! Muchos mexicanos ya ni siquiera se interesan por nuestro país. Lo más triste es que hasta los gobernantes desconocen la grandeza de México y su gente. Necesitamos urgentemente clases de Historia, Civismo y Ética.
Para mis hermosos Ángeles Terrenales del “Grupo Canica”.
Con cariño, su bisabuelita Ana I.

