Santa Gertrudis, patrimonio cultural en Tomatlán

Por: Carmen Anaya

  • Es en la actualidad, una comunidad rural sustentable

En la zona serrana de Tomatlán, en los límites con Talpa de Allende se encuentra la hacienda de Santa Gertrudis, una joya virreinal construida en el siglo XVIII, a base de adobe con techos de teja, un patio central rodeado por largos corredores y columnas; y su icónica capilla con un altar acorde al Concilio.

A lo largo de la historia colonial e independiente, la hacienda de Santa Gertrudis perteneció inicialmente a propietarios españoles, antes del reparto agrario. Fue un pilar económico y social para la agricultura y ganadería regional. Hasta los años de 2015 a 2020, siendo aún propiedad de la familia Hernández García, la hacienda producía, además de agricultura y ganadería, café; poseía un sistema de acequias para riego por gravedad y un pequeño bosque de enormes árboles de mamey. Del territorio de la hacienda, nació el ejido Parajitos, en donde se asienta a un par de kilómetros, el núcleo de población conformado por ejidatarios y avecindados, de no más de 200 personas, incluyendo niños, jóvenes y adultos.

Comunidad rural, sustentable, de tradición y de fe

Santa Gertrudis es en la actualidad, una comunidad rural sustentable, produce

principalmente maíz y frijol de subsistencia; crían ganado y otras especies de corral, además cultivan huertos frutales y colectan otros frutos silvestres como anona (Annona reticulata) y pitajayas (Cactaceae). Su principal patrimonio natural es la tierra que cultivan, el río Santa Gertrudis, que proporciona agua todo el año y manantiales para su consumo. También obtienen madera de árboles que crecen silvestres, tales como, parota o huanacaxtle (Enterolobium cyclocarpum) y palo maría (Calophyllum brasiliense) en menor cantidad, debido a que ésta es una especie en riesgo. Ahí en la comunidad todas y todos trabajan, hasta personas mayores están acostumbrados a faenas arduas y agotadoras. Mujeres, niñas

y niños, trabajan al igual que los hombres en el campo. Algunas personas realizan empleos fuera de la comunidad para obtener ingresos económicos. El comercio es muy limitado. Sus compras las realizan principalmente en Llano Grande o Talpa de Allende.

Llegar a Santa Gertrudis significa transitar por camino de terracería, atravesando riachuelos, bosque tropical subcaducifolio, encinos y pastizales introducidos. A tan sólo diez kilómetros de Llano Grande, la brecha de no más de 20 kilómetros, en ocasiones es intransitable, de manera par cular en época de lluvias. 

La comunidad de Santa Gertrudis es principalmente católica. Antiguamente acudían a hacer oración y escuchar misa a la capilla de la hacienda, hasta que los dueños lo prohibieron. Entonces doña Luisa Robles Soltero y su esposo José Dueñas Gómez, tuvieron la iniciativa de retomar la tradición religiosa de venerar a la virgen de la Purísima Concepción, en una capilla improvisada. Después, el sacerdote Flabián Justo Cobián, fue quien propuso el proyecto para construir la nueva capilla, como parte de la demarcación territorial de la parroquia en Llano Grande.

En el financiamiento, participaron varios benefactores que vale destacar, las señoras María de la Luz y María Teresa Hernández García, anteriores propietarias de la hacienda y Fernando Omar García Covarrubias, vecino proveniente de Puerto Vallarta. Además de los dos albañiles contratados para la obra, niñas, niños, hombres y mujeres pusieron su esfuerzo físico y gran voluntad, organizando rifas y diversos eventos sociales para apoyar económicamente.

El señor Gonzalo Heredia Santana, carpintero, fue quien elaboró las hermosas bancas con madera de parota. Pero, hay alguien quien destaca en la comunidad, por su dedicación en cuerpo y alma a la capilla y a todas las actividades religiosas, Baltazar Dueñas Curiel, joven laico, que sabe resolver todo tipo de requerimientos. Cuando la construcción de la capilla fue concluida, el padre Flabián fue reasignado a la ciudad de Autlán de Navarro. Hoy el presbítero responsable es Fabricio Andrey Miramontes Barragán, joven sacerdote de sonrisa afable y con gran empatía en la comunidad. Originario de Zacatecas, le acompañan y asisten en Llano Grande, su madre Gloria Barragán y su hermana Aurora.

El pasado 15 de julio, el padre Fabricio acudió a Santa Gertrudis, para oficiar misa y entronar la nueva imagen de la Virgen del Carmen; le acompañaron dos jóvenes seminaristas, Karol Christopher Miguel y Carlos Alberto Aguilar Rentería, quienes después se quedaron por una semana más en la comunidad, para realizar trabajo pastoral. El padre Fabricio explicó a feligreses, que para él era muy significativo colocar esta nueva imagen de la virgen del Carmen, porque justo el día en que se conmemora, 16 de julio, cumplía siete años de oficiar su primera misa como sacerdote. Antes de iniciar la celebración de la eucaristía, realizó el rito solemne con una bendición especial y colocó la imagen en el lugar donde quedó para

su veneración.

Para el festejo, la comunidad organizó una comida especial, después de la misa, con un cerdo cocinado en cazo como es tradición, para todos y pastel conmemorativo en honor al padre Fabricio. La convivencia del sacerdote y los seminaristas con las familias fue relevante, porque la labor pastoral ha sido siempre la mejor manera de acercarse un sacerdote a la comunidad que atiende en lo espiritual. Así lo decía el papa Francisco en su primera Encíclica de 2013,

Evangelii Gaudium, donde proclamaba la exhortación apostólica de todos los niveles institucionales de la iglesia, obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y fieles laicos.