La mentira y sus rostros en la vida social y política
Red Interna / Por: Humberto Famanía Ortega
En esta opinión deseo analizar las razones por las que se miente ante un pueblo que, de alguna manera, tiene raíces muy profundas y cuya libertad fue conquistada con numerosos sacrificios de hombres y mujeres que ofrendaron su vida en busca de justicia y democracia, para consolidar un proyecto de nación que garantizara la armonía y el bienestar de todos los mexicanos. Pues bien, me pregunto: ¿cómo vamos a enseñar a nuestros hijos a no mentir, si vivimos en un ambiente de desconfianza mutua, donde las simulaciones, pretextos, engaños y murmuraciones son algo normal, en el que aprendemos a callar, no por prudencia, sino por conveniencia, y a hablar cuando nos beneficie, siempre que no nos comprometa, independientemente de que sea verdad o mentira? En consecuencia, en una vida comunitaria así se aprende a fingir, es decir, a MENTIR.
¿Qué es mentir? San Agustín dice: “La mentira consiste en decir falsedad con intención de engañar”. Naturalmente, analizando con profundidad este concepto, llegamos a concluir que mentir es decir o hacer algo contra la verdad para que quien tiene derecho a conocerla caiga en un error o crea lo que no es cierto.
Según el autor Mariel, cuando hace un análisis de la mentira, señala que hay muchas maneras de mentir:
La vanagloria: Es la forma más tonta de mentir, porque nadie me la cree y solo hago el ridículo.
La hipocresía: Aquí se aparenta una cosa y se es otra.
El juicio temerario: Se acepta como verdadera una conducta incorrecta o un defecto del prójimo, sin tener pruebas.
La difamación: Sin que exista ninguna necesidad, se manifiestan los defectos de otros ante personas que los ignoraban. Aquí cabe hacer una acotación a lo que decía San Agustín: aunque todo el que miente oculta la verdad, no todo el que oculta la verdad miente (hay casos en que, aunque se conozca la verdad, no se puede ni se debe decir).
La calumnia: Esta surge diciendo cosas contra la verdad, daña la reputación y el honor de otros y propicia juicios falsos respecto a ellos; además, es una falta de caridad y una injusticia.
En fin, es muy importante recordar que la mentira consiste en presentar de manera intencional, con palabras o con hechos, la realidad falsificada.
Recuerdo al padre Leo J. Trese en su libro La fe explicada, quien dice: “Si he calumniado, debo proclamar que me había equivocado radicalmente; si he murmurado, tengo que compensar mi detracción con alabanzas justas o moviendo a la caridad; si he insultado, debo pedir disculpas, públicamente si el insulto fue público; si he violado un secreto, debo reparar el daño causado del modo que pueda y tan deprisa como pueda”. Continúa diciendo: “Todo esto debe llevarnos a renovar la determinación sobre dos propósitos que, sin duda, hicimos tiempo atrás: no abrir la boca si no es para decir lo que estrictamente creemos ser cierto; nunca hablar del prójimo —aunque digamos verdades sobre él— si no es para alabarle o, si tenemos que decir algo peyorativo, que lo hagamos obligados por una razón grave”.
En la política
En la política se da mucho la calumnia; esta hiere al prójimo donde más duele: en su reputación. Si a un hombre o mujer le robamos dinero, puede airarse o entristecerse, pero normalmente se rehará y ganará más dinero. Cuando manchamos su buen nombre, le robamos algo que todo el trabajo del mundo no podrá devolverle. Estos conceptos son muy importantes para quienes se dedican de algún modo al servicio público, pero también se dan en otras actividades; debemos cuidar siempre la integridad de las personas. Por eso, la mejor manera de educar contra la mentira es hacer énfasis en la verdad. Para lograr crear confianza, es indispensable fomentar el amor y el respeto entre todos. Donde hay un auténtico amor no cabe la mentira, porque nadie necesita defenderse de nada ni engañar a nadie.
La mejor forma de hacer frente a la desconfianza es tener una familia con fortaleza que deseche nuevas costumbres e ideologías que se van infiltrando, como son: el materialismo, el consumismo y el interés de “solo vivir el momento presente”, y muchos otros errores que han hecho que el egoísmo, en todas sus formas, se instale como centro de la vida familiar.
Los acontecimientos que han estado sucediendo en estos tiempos, sobre todo los concernientes a la inseguridad, la impunidad y algunos actos de corrupción, sin lugar a dudas, son consecuencia de la falta de valores, y estos, a su vez, conducen a la deslealtad hacia nuestras comunidades. El resultado es una extraña e inestable mezcla de ambición y fantasía de grandeza. Con demasiada frecuencia, esta mezcla estalla en nuestra propia cara, haciendo añicos lo que debió ser su más valiosa posesión: sus valores en todos los aspectos.
Hago votos porque esta nueva generación crezca y se eduque tomando el camino de la verdad, bajo un esquema donde abunde la honestidad, llevando siempre como meta el trabajo con capacidad, entusiasmo e inteligencia, y se dé una convivencia que permita a todos la consolidación de un verdadero equipo que enfrente las adversidades con entereza y con la guardia en alto. Así, el producto del esfuerzo se verá reflejado en un equilibrio justo y equitativo que lleve bienestar para todos. Solo de esta manera mantendremos un pueblo vigoroso y participativo, capaz de convertirse en agente activo de nuestro propio desarrollo. Por eso, hablando de frente, siempre se dará confianza a los pobladores de esta tierra que es México.
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