Amor, sabor y mucha amistad, así celebró Felícitas Rubio
Por: Miguel Ángel Ocaña Reyes
El festejo reunió a decenas de amigas de toda la vida, la festejada brilló por su calidez y sencillez.
Puerto Vallarta, Jalisco.-
Si hay algo que se siembra con el corazón, se cosecha con creces, y doña Felícitas Rubio es la prueba más hermosa de ello. En su propia finca y acompañada de su inseparable esposo, Miguel Ángel “Tito” Yerena, la querida matriarca celebró un cumpleaños que parecía sacado de un cuento de alegría compartida.
El reloj marcó las siete de la tarde y, aunque el sol todavía se resistía a irse, un fresco y oportuno viento de la tarde se convirtió en el mejor aliado para recibir a decenas de amigos y amigas que llegaron con regalo en mano, pero sobre todo con el corazón repleto de buenos deseos.
“Tito”, alegre y dicharachero como siempre, organizó un convivio excepcional, cuidando cada detalle para que su amada esposa se sintiera la mujer más afortunada del mundo. Y vaya que lo logró.
Amigas de toda una vida
El festejo tuvo un sabor muy especial gracias a las amigas de toda la vida de Felícitas, mujeres que al verla cruzar la puerta no pudieron contener la emoción. Con abrazos largos, miradas cómplices y miles de historias por contar, se fueron turnando para desearle lo mejor.
Cada invitado, sin excepción, dejó claro que Felícitas es de esas personas que iluminan cualquier habitación. Su calidez, solidaridad, entrega y compromiso con su familia y con los suyos se reflejaban en cada sonrisa de quienes llegaron a felicitarla.
El calor no pudo con el cariño
El termómetro marcaba calor, pero el del cariño era imparable. Para refrescar los ánimos (y las gargantas), no faltaron las deliciosas aguas de ciruela y arrayán, los animados cantaritos y las cervezas bien frías. Entre bocado y brindis, los invitados —procedentes de los ámbitos político, social, económico y turístico— desfilaron para abrazar a la festejada.
Porque si algo ha demostrado Felícitas Rubio a lo largo de su vida, es que donde va, hace amigos.
Un menú de pueblo bonito y corazón grande
Como ella misma: sencilla pero inolvidable. La cena fue todo un homenaje a la cocina mexicana de verdad:
Tacos, quesadillas y volcanes de carne asada con tortilla recién hecha. Una variedad de salsas deliciosas que despertaron cualquier paladar. Papas locas y botanas diversas para picar entre risas. Y para el postre: tradicional pastel de cumpleaños y unos raspados que fueron la delicia de chicos y grandes.
Cuando el amor se vuelve fiesta y baile
Al caer la noche, la música se adueñó del ambiente. Con una selección impecable, los invitados no tardaron en animarse a bailar para seguir festejando en grande a Felícitas Rubio, quien lució esplendorosa, feliz y sobre todo plena de alegría.
Pero si hubo un momento que robó suspiros, fue al ver a su esposo “Tito” Yerena mirándola con ojos de enamorado. Él, que no pierde oportunidad para decirlo, afirmó sin titubear:
“Sin Felícitas, yo no sería nada”.
Palabras que retumbaron entre los asistentes como el mejor de los brindis: porque el amor que los une ha trascendido el tiempo, ha enfrentado dificultades y las ha superado, manteniéndolos más unidos que nunca.
Y esa noche, frente a sus amigos, frente a la vida, lo demostraron bailando.
¡Feliz cumpleaños, querida Felícitas!
