La cobardía de la impunidad cotidiana y falta de ética

Educación y parentalidad / Por: Dr. Jesús Cabral Araiza

Desde el anonimato de las redes sociales, se difunde información falsa que sólo busca reacciones y seguidores sin importar si falta a la verdad.

“Más que regulación, un código ético traza el perfil ideal del periodista, o sea, el máximo en excelencia personal y profesional que se puede llegar a ser”. — Javier Darío Restrepo

Cada día y con mayor frecuencia vemos con cierto asombro cómo los medios y agrupaciones “noticiosas” usan espacios en redes sociales para mantenernos informados. Y acudo a su inteligencia, amable lector, para poner algunos puntos de análisis sobre la mesa y que usted esté mucho más preparado para cuestionar y pedir la veracidad y ética de las noticias o afirmaciones cotidianas que, en el mejor de los casos, faltan a la verdad y, en los peores, difaman y ofenden desde la comodidad del anonimato.

Iniciemos con los casos del uso de redes sociales como Facebook, donde es bastante común encontrar nombres en árabe, ruso o cualquier idioma que no identifica al participante. En otros casos, de plano ponen “participante anónimo” o nombres de personajes animados o claramente de ficción. Es válido, lo permiten los medios digitales. Sin embargo, cuando esos mismos personajes aprovechan el anonimato para difamar, calumniar o hacer afirmaciones o alegatos sin sustento alguno y solo quieren ver arder el mundo, la situación cambia.

Piensen ustedes en la posibilidad de querer responder a una mentira o hacer una aclaración pertinente. Ello no es posible, pues no hay remitente. Dichas personas, al ser cobardes, discuten desde la comodidad del anonimato, pero cuando eventualmente se sabe quiénes son y se les confronta, la respuesta y actitud cobarde nunca falta.

Sé muy bien que la poca seriedad de un argumento sin fundamento no sirve, pero difama y transgrede la tranquilidad del afectado, y ello viene desde la cobardía del anonimato. Si usted quiere reclamar o decir sus verdades a alguien, siempre habrá manera de hacerlo, pero desde el valor civil de decir lo que se piensa a la persona en el momento y medios adecuados.

Ahora bien, estas condiciones aplican lamentablemente por igual para diversos medios electrónicos. Con la “justificación” de mantenernos informados, hacen justamente lo opuesto. Ejemplos hay muchos, pero para muestra, ingrese a su cuenta de Facebook y busque esos canales noticiosos locales que, con una falta de ética y capacidad periodística, plagados de juicios de valor, distorsionan la realidad a su antojo con el fin de monetizar sus espacios. Pues igual sabemos que entre más seguidores tengan dichos espacios, tienen la posibilidad de recibir remuneración. Otros son más burdos y son espacios pagados por líderes u organizaciones políticas que —ya sabemos— qué intereses buscan. Así, la misma noticia puede tener dos caras como en una moneda.

Y en ese afán malentendido de ser los primeros, muchos de ellos no revisan ni se capacitan en algún código de ética profesional o institucional, dando por hecho que la generalidad de las personas digeriremos cualquier mentira o falsedad malintencionada en sus medios.

Es lamentable que algunas personas de los medios falten a la verdad y que igualmente nadie regule ni sancione dichas falsedades. Considero que estamos en un momento coyuntural en el que existen tanto la iniciativa de los propios periodistas que mantienen una ética profesional y proactiva (como la Red Periodística de Puerto Vallarta) como el desarrollo del pensamiento crítico de una población cada vez con mayor necesidad de información con ética y verdad, que denuncie falsedades y falta de ética de los medios, y ni qué decir de los organismos gubernamentales de regulación y sanción periodística. Hagamos cada quien, de la mejor manera, lo que corresponde. ¿No cree usted?

Un abrazo.