“El vino es mágico: Te saca la mejor versión de ti”
Por: Miguel Ángel Ocaña Reyes
Oliver Castillo, sommelier con 15 años de experiencia, conversa sobre el explosivo crecimiento de la cultura vinícola en Puerto Vallarta, los secretos del maridaje perfecto y la magia que convierte cada botella en una historia única.
La atmósfera es amena, las copas relucen y la conversación fluye tan suavemente como un buen Sauvignon Blanc. En un rincón acogedor, Oliver Castillo, sommelier cuya pasión por el vino es contagiosa, despliega con entusiasmo un mapa imaginario de sabores, historia y cultura. Con una sonrisa amplia y los ojos brillantes, celebra un hecho incontrovertible: Puerto Vallarta, y México en general, han abrazado el vino como nunca antes.
“¡Es increíble ver la transformación!”, exclama Oliver apenas inicia la charla, agradeciendo la cálida bienvenida. “Cuando empecé en esta industria hace 15 años, el consumo per cápita en México era de unos 500 ml por persona al año. Hoy, ¡estamos entre 1.3 y 1.5 litros! Aunque aún estamos lejos de países como Francia o Italia, donde el vino es parte de la canasta básica, el crecimiento es constante y prometedor”.
Un viaje de milenios en una copa
Para Oliver, cada sorbo es un viaje en el tiempo. Con la pasión de un historiador, traza el recorrido del vino desde sus primeros vestigios en el Medio Oriente, pasando por griegos, romanos y egipcios, hasta llegar a América con las colonizaciones. “El vino ha crecido a la par del ser humano. Está en la Biblia, en las cruzadas… ¡es parte de nuestra historia colectiva!”, afirma.
Y México tiene un capítulo fascinante, aunque con sus altibajos. Relata cómo, tras la Conquista, se ordenó plantar miles de vides, haciendo del territorio un gran campo vinícola. “¡Toda la tierra mexicana es potencialmente buena para el vino!”, asegura, mencionando regiones como Querétaro, Aguascalientes y hasta Zacatecas. Sin embargo, narra la “época negra” cuando la Corona española, por presiones económicas, prohibió la producción local. “De esa época heroica sobrevive Casa Madero, la bodega más antigua de América, fundada en el siglo XVI. ¡Ahí hay pura historia!”
El “Matrimonio” Perfecto: El arte del maridaje
La conversación deriva naturalmente hacia uno de sus temas predilectos: el maridaje. “¿A quién se le ocurrió combinar vino y comida? No hay un inventor único”, explica con gestos animados, “pero la palabra misma viene del francés ‘mariage’, que significa boda. ¡Como nuestros mariachis! Es el casamiento perfecto entre el platillo y la bebida”.
Con la convicción de un evangelizador del buen gusto, Oliver aclara un principio sagrado: “Nunca, pero nunca, el vino debe opacar al platillo. Su misión es enaltecerlo, resaltar sus sabores y texturas. Es la compañía perfecta”. Reconoce que, mientras algunos vinos ligeros son ideales para disfrutar solos en una charla como esta, otros más estructurados, como un Barolo italiano o un Cabernet Sauvignon de alta gama, “definitivamente necesitan comida para revelar toda su magia”.
La magia que revela quiénes somos
Al preguntarle qué hace especial al vino frente a otras bebidas, ya sea destilados o fermentos, Oliver se emociona. “¡El vino es mágico!”, proclama. “Te saca tu mejor versión, tu personalidad más auténtica. No puedes usar caretas. Por eso las conversaciones con vino son tan enriquecedoras y se forjan amistades tan genuinas”.
Esta magia, dice, se multiplica con la diversidad. “Cada vino tiene una personalidad: los hay jóvenes y vibrantes, amables, intensos, maduros y sabios… Es como conocer a una persona”. Para ilustrar la influencia del terroir (tierra, clima, tradición), usa una metáfora memorable: “Imagina que tienes trillizos. A uno lo envías a crecer a Francia, a otro a California y al tercero a China. Todos comparten tu sangre, pero hablarán idiomas distintos y tendrán culturas diferentes. Así es una uva Cabernet Sauvignon cultivada en cada uno de esos países: única e irrepetible. ¡Estudiarlo es fascinante!”.
Desmitificando el precio y mirada al futuro
Ante la percepción de que el vino es un lujo inaccesible, Oliver es práctico y alentador. “¡Se puede empezar sin gastar una fortuna! Hay vinos chilenos o argentinos muy buenos por 150 o 200 pesos, lo que cuestan unas cervezas artesanales. La clave es comenzar, explorar y cultivarse”.
Reconoce, no obstante, un reto para los vinos mexicanos: los impuestos. “El IEPS grava las bebidas alcohólicas y encarece la botella local. Ojalá algún día se reconozca al vino como el alimento que es y se facilite su consumo”, reflexiona con esperanza. Su optimismo, sin embargo, es mayor. “Estamos en pañales, pero creciendo. Cada vez más gente se aventura, pregunta, prueba. Y eso es lo bonito: nunca dejas de aprender en este mundo”.
Una invitación a la aventura
Al despedirse, Oliver Castillo extiende una invitación abierta, tan generosa como su sonrisa. “Hay tela de dónde cortar: vinos blancos, tintos, rosados, espumosos, fortificados… Un universo por descubrir. Me encanta compartir esto, ¡me dejo ir como gordo en tobogán!”.
Su entusiasmo es el mejor maridaje para su conocimiento. Deja claro que más que un experto, es un apasionado guía en el emocionante viaje de descubrir que, en efecto, el vino es mágico: une historias, realza sabores y, sobre todo, nos conecta con lo mejor de nosotros mismos y de los demás.
