Psicoeconomía en tiempos de crisis
Educación y parentalidad / Por: Jesús Cabral Araiza
Es hora de cambiar el paradigma. Se puede hacer, y tendríamos más salud mental y mayor felicidad en la población.

“La corrupción política funciona porque existe una población igualmente corrupta”. H. Arendt
Pocas cosas resultan tan desalentadoras después de un cierre festivo a nivel mundial por las festividades decembrinas y por la renovación de planes y proyectos de vida personales y sociales. Nos damos cuenta de que dichos planes, muchas veces, no tienen un sustento en la realidad cuando esta no puede ser controlada y hasta pareciera que se ríe de nosotros y de nuestras proyecciones a futuro.
Pero veamos el porqué:
- En la política internacional resulta evidente que la historia se repite. Si alguno recuerda lo que sucedía en Europa entre 1932 y 1938, recordará las condiciones de un “nacionalismo” mal encausado, la discriminación y persecución manifiesta de ciertos grupos, e incluso la segregación y el genocidio de otros.
- Otra similitud es que algunos líderes, y sus aliados, buscan recursos naturales por medio de la fuerza militar y falsas justificaciones, como la supuesta defensa de su pueblo o deudas ridículamente añejas.
- La economía de los países bélicos viene en picada al gastar más de lo que producen como sociedad, siendo el gasto muy superior a su capacidad productiva.
- La población, directa o indirectamente involucrada, observa con desánimo y temor decisiones que socavan su tranquilidad y ponen en riesgo sus planes de desarrollo nacional o personal.
- El deterioro psicológico pasa factura de diversas maneras, vinculado a una economía mundial precaria en su organización, libre comercio y poder de autogestión y negociación, oprimiendo o sancionando las decisiones de muchos países que otrora deberían ser consideradas en términos de soberanía.
- Existe un retiro de apoyo, tanto en acciones como en recursos económicos, hacia programas de conservación, salud y acuerdos contraídos en favor de las artes, la naturaleza y la solidaridad social.
En un ámbito más regional y local, tenemos una situación mal entendida y no resuelta con la clase trabajadora de la bahía. Muchas veces escuchamos cómo los trabajadores renuncian con facilidad a su empleo y la conclusión, para los empleadores, es simple: “son flojos”. Pero ¿de verdad creen que toda la gente que renuncia lo hace por la misma causa? Bueno, quizás algunos sí, pero esa no es la razón en la mayoría de los casos.
Pongamos un ejemplo: el caso de las propinas, que legalmente están señaladas como no procedentes. Los empleadores las utilizan como forma de negociación o chantaje hacia los trabajadores, bajo el “argumento” de que si no hay propina no hay mejor salario, cuando claramente ambos aspectos deberían estar diferenciados. No es obligación del comensal dejar propina; se trata de un convencionalismo social que varía según el país o la región, incluso dentro de México.
Entonces, la próxima vez que alguien generalice afirmando que los trabajadores son flojos, iniciemos por revisar los salarios de los jóvenes y analicemos si les alcanza para pagar renta, comida, ropa, recreación, emergencias médicas y un largo etcétera. ¿Acaso de verdad a nadie se le ha ocurrido presionar a los empleadores que, dicho sea de paso, llenan sus bolsillos de dinero a expensas del turismo y pagan sueldos míseros a sus trabajadores?
La región y su gente son nobles; la actitud miserable de muchos empleadores que lucran con el trabajo de la población, no tanto. Es hora de cambiar el paradigma. Se puede hacer, y tendríamos más salud mental y mayor felicidad en la población.
Saludos.
