El arte y la inteligencia artificial
Aventuras de un Pintor / Por: Federico León de la Vega

Hemos llegado a un punto en el desarrollo de la inteligencia artificial y en todo lo que se puede crear con ella que resulta verdaderamente asombroso. Tiene, desde luego, su lado positivo; sin embargo, lo difícil es distinguir entre lo verdadero y lo falso.
Hoy circulan infinidad de videos falsos: algunos resultan encantadores, pero lo esencial sigue siendo la verdad. Sin ella, simplemente no podemos funcionar.
Hace poco vi un episodio de la serie Misión Imposible, cuyo argumento planteaba que la inteligencia artificial había adquirido un cuerpo, convirtiéndose en una entidad independiente. Una idea que, de alguna manera, también alimentan ciertas teorías de CERN y varias teorías de la conspiración. En ese episodio, la única forma de escapar al dominio absoluto de la inteligencia artificial era volver a escribir a mano o utilizar aquellas viejas máquinas de escribir que no estaban conectadas a ningún sistema digital.
Creo que estamos llegando a algo parecido: todo lo que escribimos en nuestros teléfonos o enviamos desde nuestras computadoras es capturado por la nube, y puede ser utilizado en nuestra contra, para dividirnos o para estudiarnos, incluso para conocer el estado de nuestra salud. Y ahora, con la llegada del 6G, no solo se podría saber cómo estamos físicamente, sino que quizá se logre predecir —o incluso provocar— el momento de nuestra muerte. Ante este panorama, creo que debemos volver a las cuestiones del alma.
En el mundo del arte, existen imitaciones de altísima calidad: pinturas tan semejantes a los originales —incluso en volumen y en el impasto— que resulta difícil distinguir cuál es la obra auténtica. Pero la pieza original posee algo intangible: tiene alma, porque fue creada por un ser humano. Eso es lo que le da su verdadero valor.
Una pintura auténtica, firmada por su autor y, mejor aún, acompañada de un certificado de autenticidad, vale muchísimo más que una reproducción gráfica de alta calidad, por más impecable que esta sea. Y hoy, aquí mismo en Puerto Vallarta, se producen reproducciones excelentes a precios accesibles.
¿Qué diferencia, entonces, a la imitación de lo auténtico? Lo hecho a mano, lo creado por el hombre, lleva el alma de quien lo hizo. Todo lo demás es un simulacro, un gran engaño que intenta atraparnos y sustituirnos.
Pujemos por lo humano, por lo que tiene alma y corazón; defendamos lo auténtico, lo que nace de la mano y del espíritu de un hombre o una mujer. Porque una obra original no es solo materia: por ella pasó la mano del autor, y en cada trazo dejó parte de su vida.

