Chamela y Cuixmala
La ciudad imaginada / Por: José Alfonso Baños Francia
La RBCC fue establecida para proteger la selva baja caducifolia, también conocida como bosque tropical seco
La Reserva de la Biósfera Chamela-Cuixmala (RBCC) se encuentra en La Huerta, municipio costero de nuestra entidad, al sur de Puerto Vallarta. Dispone de una superficie aproximada de 13,142 hectáreas,
La RBCC fue establecida para proteger la selva baja caducifolia, también conocida como bosque tropical seco (BTS) y humedales en una región que se caracteriza por su variada y abundante fauna y flora, manteniendo ambientes naturales poco perturbados. Su creación constituyó un importante acontecimiento para la conservación de la naturaleza en México.
Integra terrenos lagunares y costeros de propiedad federal, así como predios privados de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad de Guadalajara (UdeG), la Fundación Ecológica de Cuixmala, pequeños propietarios y una porción ejidal. Carece de conflictos por la tenencia de la tierra y poca presión sobre los recursos de la reserva.
Una suma de circunstancias allanó el camino para la creación de la RBCC. La primera fue el establecimiento de la Estación Chamela (EBCh) del Instituto de Biología de la UNAM a inicios de 1970, fortaleciendo la relación entre el sector académico y las poblaciones aledañas, mediante el estudio de los elementos ambientales.
Acto seguido fue la determinación de dos santuarios de protección de tortuga marina en las playas de Teopa y Cuixmala, situadas en la zona de influencia de la reserva, ocurrida en 1986.
Quizá el suceso más determinante fue la llegada a la región de Jimmy Goldsmith quien se enamoró de Cuixmala, adquiriendo unas nueve mil hectáreas de un conjunto de predios donde instaló su feudo personal. Con el paso del tiempo, decidió que no sería un proyecto turístico a gran escala, migrando hacia un proyecto que facilitara la conservación y restauración ambiental, constituyendo para tal fin a la Fundación Ecológica de Cuixmala en 1988.
Instituir la reserva de la biósfera permitiría minimizar el impacto del desarrollo que parecía contrario a la preservación, dado que el peligro no venía de la presión demográfica sino de la masificación turística; el riesgo no eran los campesinos sino los potenciales turistas en su versión masiva.
Con ello en mente y mucha influencia sobre la clase política mexicana, Goldsmith implusó que la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) formulara la evaluación para una eventual declaratoria de área natural protegida, lo cual ocurrió mediante mandato presidencial con la figura de “reserva de la biósfera” el 30 de diciembre de 1993.
Desde entonces, la RBCC ha sido pieza clave para preservar un ecosistema tropical altamente amenazado a escala planetaria y que el ámbito regional es puesto en tensión por el rápido cambio a usos agrícolas y pastoriles, así como por intereses asociados al turismo de exclusividad.
Hoy, sigue presente el reto de preservación para facilitar un desarrollo pleno y sostenido en concordancia con los múltiples atributos que le dan vida a esa región.
