Vivienda para uso turístico
La ciudad imaginada / Por: José Alfonso Baños Francia
En fechas recientes ha proliferado la vivienda para uso turístico al habilitarse plataformas para acceder a variadas formas de hospedaje
La vivienda es la primera forma de expresión del espacio habitado creado por el ser humano. Ahí pasamos la mayor parte de nuestras vidas, es refugio y taller, templo y cápsula donde transcurre la cotidianidad y el tiempo. A pesar de que la casa es el género más ensayado, está lleno de deficiencias y parte de su complejidad radica en que el diseño debe contener a la vida en unos cuantos metros cuadrados.
Para constituirla en materia, el hábitat requiere fuertes flujos de recursos humanos y económicos, complicando el acceso a amplios sectores de la población, en particular en un mundo donde los ingresos no alcanzan para disponer de espacios dignos y durables. Por ello, un porcentaje importante de personas se ven forzadas a “habitar” en entornos marginales y degradados, dificultando la realización plena de sus necesidades básicas.
En cuanto a las actividades recreativas, un componente clave es el alojamiento, destacando el uso hotelero. Sin embargo, en fechas recientes ha proliferado la vivienda para uso turístico por el avance tecnológico, al habilitarse plataformas para acceder a variadas formas de hospedaje en un entorno de economía colaborativa.
Este proceso, inducido desde la segunda mitad del siglo XX, ha transformado extensos territorios costeros en destinos turísticos globalizados, donde el suelo es uno de los medios eficaces para maximizar el rendimiento económico.
En el caso de Puerto Vallarta, desde los orígenes de la actividad turística, se construyeron o adaptaron viviendas para albergar a los visitantes que, enamorados por los atractivos de la región, desearon quedarse a vivir, ya sea de tiempo completo o parcial. La tipología inicial correspondió al uso habitacional unifamiliar, pero con el tiempo emergieron modalidades colectivas, principalmente de departamentos. Así, desde la década de 1970 se construyeron desarrollos emblemáticos como Los Tules, Las Gemelas y 8 Cascadas.
A partir del año 2000, se materializó la masiva construcción de torres de vivienda en condominio con alturas y densidades nunca vistas, ubicadas particularmente en la franja turística. Tomó carta de naturalización la modificación de la escala horizontal para ver emerger torres de hasta 25 pisos, y, sobre todo, se normalizó la modificación discrecional de los instrumentos de planeación urbana vigentes.
La aparente toma de control de la expansión urbana y turística por parte de la vivienda en vertical, alienta la reflexión sobre algunos desafíos para el sector en Puerto Vallarta. Uno tiene que ver con la captura de la plusvalía generada por el proceso de urbanización, que suele quedarse en pocas manos, dejando pasar la oportunidad de transformarlo en prosperidad comunitaria. Otro, gira en torno al balance entre cargas y beneficios asociado a la vivienda para uso turístico, en particular en la ampliación y dotación de servicios básicos. Y finalmente, es urgente ajustar la regulación y aplicar las normas existentes poniendo especial énfasis en la implementación, fiscalización y evaluación de la gestión urbana local. De no hacerlo, las externalidades cobraran una elevada factura.
