Rafael Espinoza Zepeda “El Divino”: La humildad y fe de un campeón

Por: Miguel Ángel Ocaña Reyes

En el mundo del boxeo, donde la gloria y el sacrificio van de la mano, pocos pugilistas logran mantener los pies en la tierra mientras ascienden a la cúspide. Rafael Espinoza Zepeda, mejor conocido como “El Divino”, es uno de ellos. Originario de Guadalajara, Jalisco, pero con profundas raíces en La Palma, Michoacán, el actual campeón de peso pluma de la Organización Mundial de Boxeo ha construido su carrera con base en disciplina, fe y valores familiares. Casado y padre de una niña de tres años, con otra en camino, Espinoza nos comparte su inspiradora historia de vida y su visión del boxeo.

¿Cómo iniciaste tu carrera en el boxeo?

A los 15 años entré por primera vez a un gimnasio. Mi papá siempre fue aficionado al boxeo, y mi abuelo fue un boxeador amateur que quiso dedicarse profesionalmente, pero su papá no lo dejó y no tuvo la oportunidad. Cuando yo empecé, mi familia me apoyó, y por eso decidí quedarme en este deporte.

¿Por qué tu abuelo no pudo dedicarse al boxeo?

Venía de una familia que creía solo en el trabajo duro y la agricultura. No le daban importancia al deporte, y además, su situación económica era complicada. No había apoyo para que pudiera boxear.

¿Y en el caso de tu papá?

A él siempre le gustó el boxeo, pero por las responsabilidades de la vida nunca tuvo la oportunidad de practicarlo de manera profesional o amateur. Sin embargo, en casa siempre teníamos guantes, y me los ponía desde pequeño. Además, les daba guantes a los trabajadores para que se divirtieran. Su pasión por el boxeo fue algo que me transmitió desde niño.

¿Hubo algún otro deporte que te llamara la atención?

Me gustaba mucho el fútbol y quería ser jugador de las Chivas, pero mi papá me desanimó porque decía que era muy difícil llegar. Veía cómo otros niños lo intentaban sin éxito y se decepcionaban. A los 15 años decidí entrar al boxeo y me di cuenta de que tenía habilidades. La gente me decía: “Este muchacho tiene talento”. Ahí fue cuando empecé a creer en mí mismo.

¿Te visualizabas como boxeador profesional?

Al principio no, pero a los 16 años, viendo peleas en la televisión, pensé: “Quiero estar ahí, que la gente me vea”. Se lo dije a mi mamá, y ella me pidió que terminara la preparatoria primero. Lo hice y, a los 18 años, debuté como profesional.

¿Cuánto tiempo te llevó llegar al campeonato?

Quince años desde que comencé. Ahora creo que todo fue perfecto. La oportunidad me llegó en un momento donde tenía estabilidad con mi familia y mi equipo. Si me hubiera llegado antes, quizá no la habría aprovechado igual. Hoy soy más maduro y enfocado. Creo mucho en Dios y tengo fe en que sus tiempos son perfectos.

¿Los valores familiares te han ayudado en tu carrera?

Sí, y ahora trato de transmitirlos a los niños. Para mí, ellos son el futuro, y con tantas cosas malas en el mundo, quiero ser un ejemplo positivo.

¿Cómo ves hoy en día el mundo del boxeo?

Siempre ha sido difícil ser campeón. Mucha gente dice que antes era más complicado, pero yo creo que cada época tiene sus retos. Ahora hay más tecnología y mejores entrenamientos. Antes era solo golpear, ahora también se trabaja la estrategia y la defensa.

¿Cuáles han sido los mayores obstáculos en tu carrera?

Uno de los más grandes fue el manejo de mi promoción. Un promotor no hizo bien su trabajo y me quitaron la visa para pelear en el extranjero. Eso me detuvo, pero aprendí que la promoción es clave para un boxeador.

¿Cuál es tu próximo reto como campeón?

Defender mi título, unificar cinturones y ser el mejor libra por libra. Tengo cinco o seis años más de carrera y voy a darlo todo.

¿Cómo nace tu apodo “El Divino”?

Viene del santo patrono del pueblo de mis padres, el Divino Rostro. El sacerdote del pueblo me bautizó con ese apodo y lo llevo con orgullo y fe. Siempre he creído que Dios me ha guiado en mi camino.

¿Qué proyectos tienes fuera del boxeo?

Quiero construir un gimnasio en La Palma, Michoacán, para darles a los niños la oportunidad de entrenar y soñar con ser campeones.

¿A qué boxeador mexicano admiras?

A Salvador Sánchez. Desde que inicié, la gente me decía que mi estilo de pelea se parecía al suyo. Me identifico mucho con él.

¿Qué opinas sobre quienes dicen que el boxeo está amafiado?

El boxeo es un deporte de dos personas en el ring. Puede haber cosas fuera del cuadrilátero, pero al final, todo se define con esfuerzo y preparación.

¿Qué consejo les das a los jóvenes boxeadores?

Que crean en ellos mismos. Si quieren ser campeones, deben vivir como campeones, no solo en el ring, sino en la vida. La familia y la disciplina son lo más importante. La fe en uno mismo es lo que marca la diferencia.