20 años después

Dos décadas después, los desacuerdos históricos y las tragedias siguen tan vigentes como nunca
La Ciudad Imaginada Por: Dr. José Alfonso Baños Francia

Uno de los eventos clave en la historia del siglo XXI, ocurrió el 11 de septiembre de 2001 en la costa este de los Estados Unidos de América. Con la llegada del nuevo milenio, recién estrenado, irrumpió el ancestral antagonismo del mundo árabe ante el principal imperio del mundo occidental.

Los actos terroristas superaron a la ficción hollywoodense y los estadounidenses se sintieron vulnerables en su propio suelo, al tiempo que nos costaba trabajo salir del espasmo a los que mirábamos la repetición de aquellas imágenes dantescas por las pantallas de televisión. Los elementos simbólicos seleccionados por los integrantes de Al Qaeda no pudieron ser más poderosos: las Torres Gemelas (corazón financiero yanqui) así como la Casa Blanca y el Pentágono, baluartes institucional y militar de nuestro vecino del norte.

La incomprensión entre la mentalidad occidental y musulmana, tiene una larga trayectoria y un profundo calado. Desde ambas posiciones germina la certeza de que “el otro” está profundamente equivocado. Los dos se tachan de intolerantes e infieles, imposibilitando la búsqueda de puntos de encuentro para reducir los antagonismos mortales.

Bajo el discurso de combate al terrorismo y la promoción de la vida “democrática”, los gobiernos yanquis han invadido a muchos países seguidores de Alá. Por su parte, aquellos, desconfían de las prácticas implantadas por el modelo de consumo occidental.

Dos décadas después, los desacuerdos históricos y las tragedias siguen tan vigentes como nunca. En el Oriente Medio subsiste la tensión entre el estado israelí y los palestinos, particularmente en la Franja de Gaza. En Siria, diez años de guerra intestina han cobrado la vida de millares en medio de una crisis humanitaria cuyo final no aparece en el horizonte. Por lo que toca a Líbano, las heridas ancestrales se mantienen y expresan de vez en vez, como aconteció con los atentados de 2015.

Quizá la muestra más evidente del fracaso en la rivalidad estadounidense-musulmana la presenciamos hace un par de semanas con el retiro de las tropas de Afganistán, país invadido por demasiado tiempo. Ni la inversión extranjera ni el esfuerzo de institucionalización democrática impidió el retorno al poder de los fundamentalistas talibanes.

En nuestro contexto, se ha mantenido la ancestral desconfianza e incomprensión en la relación de “vecinos” entre Estados Unidos y México. La cultura, historia e instituciones no puede ser más diversa, materializada en una profunda brecha de progreso e ingreso económico entre el Goliat del norte y el David que somos. Pero también es cierto que se han fortalecido los lazos comerciales por la ventaja que concede a ambas naciones su posición geográfica.

Por lo que respecta a los viajes y el turismo, los atentados de 2001 modificaron los protocolos de seguridad en los aeropuertos a escala planetaria. Hoy, trasladarse por vía aérea, requiere tiempo y esfuerzo para librar varios procesos lentos y engorrosos.

Finalmente, vale la pena comentar la revolución que han implicado las redes sociales en los últimos veinte años. La difusión de noticias e información se ha vuelto tan accesible y común, que ahora cuesta trabajo separar el trigo de la paja. Y eso ha sido aprovechado en ambos extremos del arco ideológico para intentar posicionar sus convicciones civilizatorias.

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