115 años: De un régimen sanitarista a un sistema de salud inflado en México
Medicina Familiar / Por: Dr. Marco Antonio Inda Caro / Médico de Familia
Es indispensable aumentar la cobertura de personal sanitario y fomentar la prevención y la educación para la salud
Durante el Porfiriato y hasta la Revolución Mexicana, el sistema sanitarista tenía como objetivo principal imponer medidas de saneamiento para evitar las grandes epidemias que afectaban a México y al mundo: viruela, sarampión, tosferina, peste, cólera, influenza, paludismo y tuberculosis, enfermedades todas agravadas por el hambre y el alcoholismo (Economía, política y salud pública en el México porfiriano, 1876-1910). Existían ideologías que atribuían a las enfermedades una responsabilidad individual y social, castigando la ocultación de enfermos y persuadiendo a la población —por voluntad o por la fuerza— a vacunarse, dando gran importancia a la higiene personal.
Posterior a la Revolución Mexicana (1920-1940), hubo un enorme interés por la prevención de enfermedades y la promoción de la salud. Las enfermedades infectocontagiosas seguían azotando la salud y la economía de la población. La precariedad en amplios sectores rurales era evidente: hambre, insalubridad, enfermedad y miseria eran comunes en vastas zonas del país. Sin embargo, en la política mexicana ya figuraban médicos con cargos de generales y diputados federales que impulsaron reformas a favor de la salubridad.
A partir de la década de 1920 se enviaron médicos pasantes a las zonas rurales, y para 1930 se formalizó el Servicio Social en dichas regiones. En esa época, la esperanza de vida era de apenas 45.9 años y las principales causas de muerte eran cólera, influenza y fiebre tifoidea.
Al cierre de 2025, la esperanza de vida en México ha aumentado a 76 años en promedio. No obstante, también ha crecido la población obesa y enferma, asociada nuevamente a condiciones de insalubridad, enfermedades infectocontagiosas, alcoholismo y pobreza suburbana. Asimismo, el país apunta a ser el número uno en América Latina en incrementos de costos dentro del sistema de salud privado, impulsado por el encarecimiento farmacéutico, hospitalario y por los honorarios médicos. Esto ha provocado una mayor demanda en los servicios públicos, ya saturados y deteriorados por la falta de personal y de insumos. A ello se suman las persistentes pandemias y epidemias de influenza, sarampión, tuberculosis, dengue, paludismo y tos ferina, entre otras.
La fragilidad del tejido social y el creciente descontento colectivo evidencian un sistema de salud que no logra convencer a la mayoría. Las necesidades de atención médica pública no se cubren, mientras los medios digitales multiplican notas amarillistas sobre la falta de servicios y la insuficiente prevención de enfermedades infectocontagiosas. Las carencias actuales derivan, en gran medida, de la escasez de personal en un sistema donde, aun estando asegurada, gran parte de la población no recibe atención. Un cuarto del país sigue sin acceso a servicios básicos de salud.
Es indispensable aumentar la cobertura de personal sanitario, fortalecer la infraestructura y promover campañas digitales educativas que fomenten la prevención y la educación para la salud. Solo así podrá corregirse el rumbo de un sistema que, pese a los avances históricos, continúa arrastrando desigualdades que ponen en riesgo el bienestar colectivo.
