Por un Medio Oriente amortajado por el mundo
Medicina Familiar / Por: Dr. Marco Antonio Inda Caro / Médico de Familia
Es una catástrofe silenciosa, peor que una bomba: una muerte lenta, cronometrada por un reloj biológico acelerado.
Cuando Amado Nervo parafraseó el llamado “Raza de Bronce” en sus poemas, se refería a la tenacidad del mexicano para resistir, evocando su fuerza y lucha. Sin embargo, las miserias de la política nos impiden avanzar tanto en salud como en prosperidad; lo único seguro que tenemos es la muerte.
Mientras los palestinos luchan con hambre, sin acceso a salud y con la muerte al frente, su destino parece escrito. Una gran mortaja envuelve Medio Oriente, auspiciada por potencias mundiales que, paradójicamente, alimentan el conflicto: “Haz bombas y dáselas al pueblo para que se maten entre sí”. Actos kamikazes, percibidos como heroicos, se convierten en una distorsión de la valentía y la devoción patria. Qué vida más miserable, ahora con Irán en la mira, y pronto, quizá, el resto de la región.
Pero nuestro tema es la salud. Hablamos de una zona rica en cultura, tradiciones y espiritualidad, donde hoy encontrar un médico, una enfermera o incluso un paquete de paracetamol es como hallar oro puro. La penicilina, crucial para evitar infecciones, gangrenas o amputaciones en medio de tanta sangre derramada, escasea. Los ansiolíticos como el clonazepam —que en nuestras unidades médicas se demandan con furia por pacientes que no pueden dormir ni calmar su ansiedad— son un lujo.
¿Qué pasará con las embarazadas? ¿Quién las revisará? ¿Quién detectará a tiempo una presión arterial elevada o una infección urinaria que derive en un parto prematuro? Los diabéticos, sin insulina ni control, enfrentarán ceguera, neumonías, insuficiencia renal y amputaciones. Los hipertensos sufrirán eventos cardiovasculares a edades cada vez más tempranas. Es una catástrofe silenciosa, peor que una bomba: una muerte lenta, cronometrada por un reloj biológico acelerado.
En México, el problema es la cultura de la prevención: aunque existan recursos básicos, la gente no acude. Pero en Medio Oriente, ni siquiera tienen esa opción.
Y luego están los pacientes que mienten. Falsifican incapacidades, inventan consultas. Hombres crédulos, influenciables, sin espíritu crítico. Así son los líderes de esta nueva generación laboral: jóvenes en edad reproductiva que priorizan el engaño sobre el cuidado de su salud.
