Nuestra Señora en París

La ciudad imaginada / Por: Dr. José Alfonso Baños Francia.

Nuestra Señora es un lugar de culto que trasciende su propia actividad al posicionarse como un referente de la historia y la cultura mundial

El 15 de abril de 2019 una noticia conmocionó al mundo: la icónica catedral de Nuestra Señora en París ardía ante la mirada horrorizada de sus habitantes y del mundo entero. La televisión transmitía las escenas de las llamas devorando la aguja del templo que posteriormente ocasionaría su derribo, así como de buena parte de las bóvedas centenarias, con particular impacto en el transepto.

Más allá de la pérdida patrimonial, el siniestro representó un golpe a la historia, al arte y la identidad cultural de Francia y del planeta, dejando una profunda marca en un bien que había persistido al tiempo y a diversas tragedias como las dos guerras mundiales en el siglo XX.

El percance despertó una muestra de solidaridad global sin precedentes y puso en marcha un esfuerzo de recuperación ejemplar. Desde el primer momento, el gobierno francés asumió el liderazgo de la reconstrucción, anunciándose el compromiso de restaurar lo perdido en un plazo de cinco años, para que estuviera lista para los Juegos Olímpicos de París en 2024. Para ello, se estableció una comisión especial encargada de coordinar los esfuerzos de entidades gubernamentales, expertos en patrimonio, arquitectos, constructores y organismos internacionales. 

Para este ejercicio inédito, se tendieron puentes con el sector privado logrando recaudarse más de 800 millones de euros provenientes de donaciones de todo el mundo. El objetivo era que la reconstrucción respetara el espíritu original de la catedral, cuya edificación data del siglo XII y constituye un referente fundamental del estilo gótico.

Los trabajos combinaron la innovación mediante el empleo de tecnología de vanguardia, así como la vuelta a métodos tradicionales de construcción, particularmente mediante el empleo de vigas de madera para levantar el techo, así como sistemas arcaicos de ensamblado de piedra en las bóvedas. 

Nuestra Señora es un lugar de culto que trasciende su propia actividad al posicionarse como un referente de la historia y la cultura mundial. Por ello, los trabajos de restauración implicaban no solamente la recuperación de su esplendor artístico y religioso, sino la suma de voluntades para preservar un patrimonio cultural como un bien compartido por la humanidad. 

Por lo que respecta al turismo, actividad relevante en París, la catedral es un elemento significativo. Antes del incendio, recibía más de 12 millones de visitantes al año, siendo uno de los monumentos más populares de Europa. Su cierre representó un fuerte impacto para la economía parisina.

La catedral volvió a abrir sus puertas en diciembre de 2024, devolviendo el brillo que siempre tuvo, manifestado en la belleza y dignidad de sus espacios, tanto exteriores como interiores, siendo emocionante constatar la vigencia de su legado en un mundo convulso y cargado de mal gusto. Esta reconstrucción representa un símbolo de resiliencia y cooperación, afirmando el valor del patrimonio cultural en la identidad de los pueblos y su capacidad de unir a la humanidad en torno a una causa común. Desde este espacio, aprovechamos para desearle larga vida a Nuestra Señora en París.