Nacionalismo bien encausado
Educación y parentalidad / Por: Dr. Jesús Cabral Araiza
“Nunca negociemos desde el temor y nunca temamos negociar”
J.F. Kennedy.
En las próximas fechas escucharemos con mayor frecuencia llamados a las acciones “nacionalistas”, es decir, aquellas acciones que, de acuerdo con cada individuo y su interpretación, nos hagan sentir más mexicanos y menos dependientes del vecino del norte. Desde mi punto de vista, nada más alejado de la realidad.
Pondré algunos ejemplos:
- Aquellas personas que se sienten agraviadas en su dignidad de consumidor compulsivo por la empresa que vende refrescos de “cola” y que expresó su apoyo a las acciones antiinmigrantes del vecino del norte han caído de la gracia del consumidor nacional y ahora comprarán de la otra empresa que, aunque no manifestó dicho apoyo, igual daña su salud.
Pero, ¿acaso no sería más revolucionario y patriótico cuidar la salud personal para ser un pueblo mucho más sano? Por tanto, la alternativa efectiva sería no tomar refresco, venga de donde venga, ¿no cree usted?
- Ahora resulta que vamos a consumir solo productos nacionales, ¿de verdad? ¿Ya se nos ha terminado la actitud malinchista en un fin de semana? ¿Estaremos dispuestos a consumir solo lo que el país produce? Y, por cierto, ¿el país produce todos los insumos que el pueblo necesita? Si lo pensamos bien, no todos los productos que consumimos cuando vamos a la tienda o al súper el fin de semana son hechos en México, además de que tenemos muy arraigada la idea—la mayoría de los nacionales—de que lo que se hace fuera de México es de mayor calidad. Y antes de rasgarnos las vestiduras, advierto: no lo quiero así en lo personal, pero seamos francos, la mayoría de la gente así lo expresa.
Pues bien, ante este panorama, ¿qué hacer?
Por mi parte y desde esta pequeña trinchera propongo:
- Entender que las personas en general (las naciones) no siempre reflejan las decisiones y visiones de sus líderes políticos, más bien son rehenes de estos. Esto pasa en cualquier nación. Es decir, hay gente buena y razonable también en el país del norte.
- Si queremos generar un cambio real, iniciemos por nosotros mismos: buenos hábitos alimenticios, de ejercicio y de pensamiento. Esa sí sería una verdadera revolución.
- En la medida de lo posible, hagamos consumo de productos locales, exigiendo la máxima calidad en los mismos y haciendo lo propio con los productos o servicios que prestamos.
- Hagamos comercio e intercambio, buscando siempre la equidad y un trato justo, ya sea con personas, empresas o naciones.
- Cuestionemos seriamente las noticias malintencionadas o poco profesionales que solo buscan polarizar o confrontar a las partes para hacer la “nota periodística”.
- Hagamos patria de igual manera siendo solidarios, proponiendo y trabajando en acciones eficientes y comprometidas con el gobierno en turno, que al final del día es quien nos representa.
- Si algo hemos aprendido de la historia es que las acciones de los malos gobernantes serán juzgadas y que los malos gobiernos no duran para siempre. Ser nacionalista no necesariamente implica entrar en conflicto con el vecino. Implica, sí, acciones inteligentes en pro de una ganancia y un crecimiento mutuo, que al final del día es lo que buscan ambas partes, ¿o no?
Gracias por su lectura.

