Mujeres, bajémosle tres rayitas

Aprendiendo a ser feliz / Hania Sosa / psicóloga

Tal vez debamos bajarle tres rayitas y comprender que debemos reconciliar lo femenino con lo masculino.

El pasado sábado 8 de marzo tuve la oportunidad de compartir una charla con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y, en ella, me permití transmitir un mensaje que hoy deseo compartir también en este espacio.

Hablábamos de todo lo que podemos agradecer al arduo trabajo de tantas generaciones de mujeres y hombres que han luchado y siguen luchando por la equidad, logrando que muchas de las libertades que hoy disfrutamos sean una realidad. Desde el simple hecho de poder usar pantalones sin ser mal vistas hasta la posibilidad de escribir estas líneas sin necesidad de esconder mi identidad con un seudónimo.

A mi parecer, aunque definitivamente aún quedan muchos cambios por hacer y regulaciones por implementar para que podamos vivir sin miedo, me gustaría que, por un momento, nos enfocáramos en lo que ya hemos logrado y en cómo podemos encontrar un equilibrio entre esos avances y lo que han significado para el sexo opuesto.

Hoy en día, las mujeres sabemos que podemos elegir si estudiar una carrera o no, si queremos trabajar o ser amas de casa, si deseamos casarnos o no, si queremos tener hijos o no. Sabemos que no necesitamos que un hombre nos mantenga y que, incluso, si contamos con los recursos y la vida así lo dispone, podríamos ser madres sin la existencia de una pareja, gracias a los avances en tratamientos de fertilidad.

Sin duda, todo esto nos ha llevado a sentirnos empoderadas, un concepto tan en boga y que resulta tan atractivo. Es maravilloso, claro que sí, pero ¿sabes qué? Hemos llegado a un punto en el que, en las relaciones de pareja, a pesar de haber alcanzado grandes fortalezas y sentirnos orgullosas de nuestros logros, aún no hemos encontrado un equilibrio con el sexo opuesto.

Detrás de las puertas, en la cotidianidad, vivimos situaciones que no siempre se perciben desde el exterior. Hombres y mujeres, al tratar de congeniar y equilibrar lo que cada uno desea y merece, nos enfrentamos a la dificultad de encontrar nuestro lugar en esta nueva dinámica.

Los hombres, actualmente, se encuentran ante el reto de no saber cómo vincularse con nosotras sin que sus conductas sean etiquetadas de machistas. Es cierto que algunas actitudes sí lo son, pero también es cierto que, en muchos casos, hemos perdido de vista que la lucha no es contra ellos, ni se trata de que ahora nos sintamos en superioridad. La lucha es contra la desigualdad, la inequidad, la violencia y la falta de respeto. No es una batalla entre hombres y mujeres, y esto es algo que debemos tener claro en todas nuestras relaciones, ya sean de pareja, familiares, amistosas o laborales.

Si realmente queremos encontrar ese equilibrio en el que tanto ellos como nosotras nos sintamos cómodos y cómodas, tal vez debamos bajarle tres rayitas y comprender que debemos reconciliar lo femenino con lo masculino, el yin y el yang; que, en realidad, sí nos necesitamos mutuamente; que se trata de aprender a vivir, no desde la codependencia ni desde la superioridad, sino desde una verdadera y sana interdependencia. Las invito a reflexionar y trabajar en ello.