Eutanasia

Medicina Familiar / Por: Dr. Marco Antonio Inda Caro / Médico de Familia

Si ella aceptara la Ley de Voluntad Anticipada, rechazaría todos los tratamientos que están prolongando su vida

Humanizar la muerte: diferencias entre la Ley de Voluntad Anticipada (derecho a una muerte digna) y la “Ley Trasciende” (suicidio asistido). “No matarás” —Éxodo 20:13.

La medicina moderna ha incrementado la esperanza de vida; sin embargo, los procedimientos médicos someten al enfermo terminal a mantenerse vivo de manera artificial, prolongando su agonía y sufrimiento. Mediante la Ley de Voluntad Anticipada, el enfermo decide rechazar el tratamiento médico, dignificando la muerte. En cambio, la Ley Trasciende busca despenalizar la eutanasia activa y el suicidio asistido: un médico pone fin a la vida de un paciente a petición expresa, con la finalidad de no promover efectos legales. Ante la ley, es un suicidio asistido. De tal forma, las solicitudes aumentarán como una nueva y mortal epidemia social, despertando en una sociedad joven vulnerable el deseo de una muerte irremediable, incluso cuando no exista una enfermedad incurable.

Presento un caso en ambos contextos, Voluntad Anticipada y Ley Trasciende, en una mujer de 23 años con hipoplasia renal (sus riñones no se desarrollaron, provocando insuficiencia renal crónica). Requiere un trasplante renal para el cual se encuentra en una larga lista de espera que no avanza, ya que en México no existe una cultura de donación de órganos. Necesita, además, antihipertensivos, esteroides, vitaminas, eritropoyetina, antinauseosos, protector gástrico, diuréticos, antidepresivos, ansiolíticos, analgésicos, antagonistas opioides y hemodiálisis, para lo cual se le ha cambiado la fístula en dos ocasiones por infección en el sitio del catéter. Se presenta en silla de ruedas con el clásico color terroso de la piel, boca seca, caquéctica; los músculos de su cara están completamente desaparecidos y la piel está pegada al hueso. Estas personas tienen un aspecto cadavérico en vida. Empujando la silla va su madre, radiante, de buen color e hidratación de la piel y mucosas.

La limitación renal le impide desechar las toxinas que se producen a diario, provocando malestar general, debilidad, anorexia, náuseas, vómito y dolor generalizado. Una vez extenuada de tanto andar, pedir, llorar, reclamar, y ante la burocracia que no le entrega en tiempo y forma sus medicamentos o cuando su patrón da de baja a su madre, llega el hastío.

Si ella aceptara la Ley de Voluntad Anticipada, rechazaría todos los tratamientos que están prolongando su vida, su agonía, el dolor constante, el dolor que provocan al estar canalizándola o cuando se le tienen que cambiar o aplicar catéteres en el tórax, los desvelos de sus cuidadores, los sobrecostos que ocasiona el estar internada en hospitales por periodos prolongados, provocando inasistencias de sus cuidadores a sus trabajos. El aceptar la Ley de Voluntad Anticipada pondría fin a todo lo anterior, pondría fin a una larga y prolongada vida en hospitales.

En el caso de la eutanasia o el suicidio asistido por la Ley Trasciende, ella solicitaría por la vía legal un escrito pidiendo un suicidio asistido por médicos que provocarían una muerte instantánea dentro de hospitales que albergarían estos manejos, los cuales finalmente existen en todo el país con tal de ganarle a tales asistencias. Existiría, además, un alto costo de atender a jóvenes suicidas que solicitaran indiscriminadamente una asistencia por un mal entendimiento de la vida.