El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Psicovoces de la bahía / Por: Dra. Sara Paola Pérez Ramos / Colegio de Psicólogos de Puerto Vallarta

Las conductas violentas están enmarcadas en un imaginario social compartido

El 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, una fecha establecida para visibilizar, prevenir y erradicar todas las formas de violencia de género a nivel mundial. La Organización de las Naciones Unidas define la violencia de género como: “actos dañinos dirigidos contra una persona en razón de su género.”

Este tipo de violencia tiene su origen en la desigualdad de género, la cual se perpetúa a través de un sistema de ideas que subordina a la mujer respecto al varón. Esto da lugar a estructuras y dinámicas sociales que niegan a las mujeres el acceso pleno a sus derechos.

La violencia de género se expresa de diversas formas y en diferentes ámbitos, que están interrelacionados. Los ámbitos pueden ser en la pareja, en la familia, en el trabajo o en la comunidad, por mencionar algunos, y las formas pueden ser física, psicológica, sexual, económica, entre otras.

Si bien las formas manifiestas, como la física y la sexual pueden ser fácilmente identificadas, existen formas más sutiles y normalizadas que finalmente son las que sostienen las primeras. En el ámbito de pareja, por ejemplo, las formas difíciles de identificar tienen que ver con descalificaciones, celos, acecho en redes sociales o bromas hirientes. En la comunidad, la violencia puede expresarse en burlas hacia el cuerpo femenino, chistes sexistas o piropos callejeros que generan incomodidad.

Es fundamental entender que la violencia de género no es un evento privado que ocurre entre dos personas, sino que acontece en un contexto social. En ese sentido, todos y todas somos parte de la causa y de la solución. Somos causantes cuando replicamos estereotipos de género, cuando cerramos los ojos a las injusticias y juzgamos a quienes tienen el valor de desafiar las desigualdades. En la cotidianidad, cada vez que reproducimos prejuicios sexistas con comentarios o bromas que limitan a las mujeres al rol del hogar o asumen que los hombres tienen mayores capacidades que las mujeres, estamos promoviendo la desigualdad y, por lo tanto, la violencia de género.

Por el contrario, cada vez que nos atrevemos a cuestionar los mandatos de género y permitimos a las mujeres desarrollarse con libertad en cualquier ámbito que elijan, cada vez que elegimos no reírnos del chiste que ridiculiza a las mujeres y cada vez que decidimos acompañar a las víctimas de violencia desde la empatía y no desde el juicio, estamos sembrando la semilla de sociedades más igualitarias.

Los y las profesionales de la psicología tenemos la responsabilidad de coadyuvar en la eliminación de la violencia de género, promoviendo el cuestionamiento activo de los prejuicios de género, con plena consciencia de que las conductas violentas están enmarcadas en un imaginario social compartido, que podemos desaprender y transformar para crear espacios igualitarios.

Finalmente quiero remarcar que ser víctima de violencia no es un motivo de culpa ni de vergüenza. Nombrar la violencia, acudir a redes de apoyo como amistades, familia y vecinos y solicitar ayuda profesional es ejercer un derecho y reclamar la vida digna que todas las mujeres merecemos.