“No hay vocación sin ruta”

Por: Miguel Ángel Ocaña Reyes

Seminarista Héctor Ramón Estrada Becerra y el Padre Fernando Enrique Rodríguez.

La Diócesis de Tepic celebra el Día del Seminario llamando a los jóvenes a una vida con sentido

Puerto Vallarta, Jalisco.-

En las tranquilas instalaciones de la cuasi parroquia María Reina de la Paz, ubicada en el corazón de Marina Vallarta, se respira un ambiente de servicio y esperanza. En este escenario, conversamos con el padre Fernando Enrique Rodríguez y el seminarista Héctor Ramón Estrada Becerra sobre el próximo «Día del Seminario», una jornada que busca no solo recaudar fondos, sino sobre todo, sembrar en el corazón de los jóvenes la pregunta por su vocación.

La Diócesis de Tepic se prepara para una celebración especial. El próximo 15 de marzo, las comunidades de Puerto Vallarta, Bahía de Banderas, la sierra de Mascota y Talpa se unirán en una sola voz para conmemorar el «Día del Seminario». Pero, ¿qué significa realmente esta fecha?

«Es un día en el que, como Iglesia, celebramos el don de la vocación sacerdotal», explica el padre Fernando con una sonrisa acogedora. «No solo pedimos al Señor que siga suscitando más vocaciones en nuestras familias, sino que también sostenemos a quienes ya están en camino y fortalecemos a nuestros sacerdotes. Es un momento para que toda la comunidad se una en torno a su seminario, que es el corazón de la diócesis».

Lejos de ser un evento aislado, esta celebración viene precedida de una semana de oración intensa que comenzará el 8 de marzo, donde seminaristas como Héctor visitarán las distintas parroquias y capillas de la zona Costa Alegre —desde Zacualpan y Las Varas hasta Puerto Vallarta— y la zona Jalisco, para invitar a los fieles a participar.

Una propuesta de vida integral y apasionante

Al hablar de un seminario, a menudo se tiene una imagen distorsionada de la vida de quienes se forman en él. Héctor, joven seminarista, se encarga de desmontar esos mitos con una claridad que invita al diálogo.

«Mucha gente piensa que en el seminario nomás nos la pasamos rezando», comenta entre risas. «Y sí, hacemos oración, pero también estudiamos, practicamos deporte y, los fines de semana, salimos a las comunidades. Estamos con los jóvenes, con los niños en catequesis, visitamos a los enfermos… Es una vida normal, pero con un propósito: formarnos integralmente para servir».

El padre Fernando asiente y profundiza en la idea, destacando los múltiples beneficios que esta opción de vida puede ofrecer a un joven de hoy. «Ser seminarista no es una huida del mundo, es una forma de insertarse en él para transformarlo. La formación es completa: académica, espiritual y humana. Un sacerdote estudia dos licenciaturas, filosofía y teología, y luego puede especializarse en Roma o en la Ciudad de México en áreas como psicología, sociología o historia. Desarrollas todos tus talentos al servicio de los demás».

En una sociedad que a menudo mide el éxito por el rédito económico, la propuesta del seminario se presenta como una alternativa contracultural pero profundamente humana. «No se trata de ser un ‘golpe de pecho’ todo el día», añade el padre Fernando. «Se trata de ser un joven alegre que muestra a Cristo a través de su servicio. Y ese servicio repercute directamente en la sociedad: contribuye a generar menos violencia, más justicia y una convivencia más armoniosa. Es una alternativa de vida que da una felicidad y una plenitud que el dinero no puede comprar».

Disminución de vocaciones, pero un «sí» que persiste

Ante la pregunta obligada sobre la crisis vocacional, ambos coinciden en un diagnóstico realista pero esperanzador. «Efectivamente, ha habido una disminución», reconoce el párroco. «Vivimos en una cultura que empuja al joven a buscar ante todo una carrera que le reditúe económicamente. Pero es curioso, muchos se dan cuenta después de que el dinero no lo es todo. El sentido de la vida va por otro lado».

Sin embargo, las cifras hablan de un panorama alentador. «El Señor no ha dejado de proveer», afirma con entusiasmo. «Hace poco, en un retiro vocacional aquí en la zona, tuvimos la presencia de 80 jóvenes. Esperamos que en la siguiente etapa se mantengan al menos 50 o 60. Y eso es solo una de las cinco zonas de la diócesis. Hay jóvenes que siguen respondiendo al llamado».

Héctor, como testimonio vivo de esa respuesta, invita a sus contemporáneos a no tener miedo. «El seminario es un tiempo para discernir, no una cárcel. Muchos entran y, en el camino, descubren que su vocación es otra. Salen siendo hombres de bien, mejor formados para la vida. Pero si sientes esa inquietud de hacer algo por el mundo, de ofrecer tu servicio a Dios y a los demás, vale la pena explorarlo. No estás solo».

«No hay vocación sin ruta»: Una invitación abierta

Bajo el lema «No hay vocación sin ruta», el seminario de Tepic quiere dejar claro que el sacerdocio no surge de la noche a la mañana. «Es un recorrido que se hace en compañía», explica Héctor. «Lo caminamos con otros jóvenes que sienten lo mismo, guiados por el pueblo de Dios. Es un proceso que transforma y que, una vez ordenado sacerdote, jamás termina».

Para aquellos jóvenes que sientan esa semilla de curiosidad o un deseo genuino de servir, las puertas están abiertas de par en par. «Acérquense a su parroquia, a su párroco, a un seminarista», invita el padre Fernando señalando amablemente a Héctor. «No pasa nada, nadie va a forzarlos. Solo se trata de discernir. En mi parroquia, en Albatros 270 de Marina Vallarta, son bienvenidos. También pueden seguir la página de Facebook del Seminario Diocesano de Tepic para más información».

El «Día del Seminario» es, en definitiva, mucho más que una colecta. Es una oportunidad para que la comunidad sostenga a sus futuros pastores, pero sobre todo, para que los jóvenes descubran que existe una ruta posible hacia una vida plena, dedicada a los demás y llena de sentido. Una ruta que, como demuestran el padre Fernando y el seminarista Héctor, bien vale la pena considerar.