“La frustración, el mal moderno”

Consejos de una Bisabuelita Moderna / Por un México Mejor

Cuando te encuentres en esa situación difícil, en lugar de frustrarte, piensa que es hora de meditar

¿Cuántas veces hemos sentido en el fondo del alma un profundo pesar, una impotencia terrible, una lenta agonía? Creemos que, en esos momentos, nadie puede comprender nuestro sufrimiento. Podemos estar rodeados de personas y, sin embargo, percibir una soledad infinitamente perturbadora.

Es entonces cuando, en el silencio de la noche tranquila, nuestra mente se impregna de pensamientos negativos. El pasado doloroso se retroalimenta y, apoderándose de nosotros, provoca más sufrimiento. Y es entonces cuando me pregunto: ¿qué se saca de provecho con una actitud así? ¡Nada! Y solo lograremos autodestruirnos.

Cuando te encuentres en esa situación difícil, en lugar de frustrarte, piensa que es hora de meditar. Es momento de hacer un alto en tu vida y reflexionar. Aunque no lo creas, existe un Dios en tu vida que te ayudará a poner en una balanza lo bueno y lo malo que has hecho. Te darás cuenta de que lo primero positivo para tu lista de beneficios adquiridos es la capacidad de discernir entre el bien y el mal. ¡Y ese es un gran paso en la búsqueda de la felicidad!

En ocasiones, muchos terapeutas recomiendan conseguir un buen amigo para compartir los secretos íntimos de nuestro ser y buscar juntos una solución. Pero en la actualidad, algo está pasando con la lealtad, el honor y la verdadera amistad. Poco a poco, se pierde la noción real de los valores morales. Con tristeza palpamos que un “secreto entre dos” deja de serlo, porque ese “amigo” puede utilizarlo para su beneficio.

Digo “en la mayoría de los casos”, porque, gracias a Dios, aún existen personas en las que se puede confiar, aunque les diré que la discreción no se da en maceta. Por lo tanto, cuando te sientas muy deprimido o frustrado, levanta tu vista al cielo y mira a tu alrededor. Analiza detenidamente que, cuando llegaste a este enigmático planeta, llegaste sin nada. Y lo mucho o poco que tengas… ¡ni siquiera es tuyo! Porque cuando mueras, te irás tal y como naciste: sin nada.

Si piensas que la vida ha sido injusta contigo y sientes que no posees nada, recuerda que eres dueño de un gran tesoro que no puedes comprar con todo el oro del mundo: tu libertad. Y tienes la dicha de vivir en México, donde todavía podemos ejercerla.

Y si, por desgracia, estás en la cárcel, piensa que aún dentro de ella eres libre, porque mientras no encadenes tu espíritu… ¡sigues siendo dueño de ti mismo!

Hace tiempo, tuve la dicha de asistir a un concurso poético. Me llenó de orgullo la presencia espiritual de un interno de las Islas Marías, quien fue premiado gracias a su libertad de expresión.

Si él, dentro de la cárcel, es libre, grandioso, poseedor de un espíritu de valor incalculable y un ejemplo admirable para quienes de alguna forma lo llegamos a conocer… ¿de qué no serías capaz tú, que además de todo lo que te rodea, eres dueño de tu libertad corporal?

Por favor, no permitas que la frustración sea causante de tu propia destrucción.

Para mis hermosos ángeles del Grupo Canica.

Cariñosamente,

Su bisabuelita Ana I.