¿Te has convertido en el papá o la mamá de tu pareja?

Aprendiendo a ser feliz / Por: Hania Sosa / Psicóloga

Actuar como el padre o la madre de la pareja crea un desorden en el sistema de pareja

Dentro de los muchos retos que implica estar en una relación, existe uno muy importante que es el de colocarnos en el lugar que nos corresponde. Al principio puede ser que esto no sea tan evidente o que no suceda como tal, y esto es por la típica razón de que el enamoramiento genera que la química de nuestro cerebro se modifique y, por lo tanto, estemos funcionando de una manera distinta a la que funcionamos habitualmente.

Nuestro comportamiento durante el enamoramiento es atípico y mostramos nuestra mejor versión, quizás no sólo hacia nuestra pareja, sino que estos químicos que están circulando por nuestro cuerpo en mayores cantidades, nos permiten tener un mayor grado de motivación y por lo tanto podemos utilizar este empuje para distintas áreas de nuestra vida; pero una vez que ese cóctel hormonal empieza a disminuir, esa energía se va esfumando y es cuando empezamos a regresar a nuestro “modo real”.

Es importante aclarar que, en términos generales, esto no es ninguna manipulación. Si bien es cierto que existen personas que sí se comportan de forma manipuladora en las relaciones, este fenómeno que yo describo es el natural que nos puede ocurrir a todos durante la etapa del enamoramiento.

Una vez que pasamos esa etapa es cuando corremos el riesgo de empezar a querer influir en el comportamiento de la pareja. Comenzamos a notar las fallas o los errores (obviamente desde nuestra perspectiva) y muchas veces no podemos evitar caer en la trampa de querer corregir dichas fallas; sugerimos que modifiquen tal o cual conducta, o lo que es peor, empezamos a resolver por él o ella lo que ellos podrían resolver por sí mismos.

¿Cuál es la consecuencia? Nos quitamos de nuestro lugar de pareja; dejamos de estar en una relación adulto-adulto y convertimos ese vínculo en uno donde hay una jerarquía, en donde uno de los dos está por encima del otro, aunque no forzosamente en todos los aspectos, y esa jerarquía tampoco implica forzosamente un sometimiento o violencia de algún tipo. Sencillamente lo que sucede es que nos volvemos el papá o la mamá de la pareja.

Desde la teoría psicológica de las constelaciones familiares, en donde su principal representante es Bert Hellinger, actuar como el padre o la madre de la pareja crea un desorden en el sistema de pareja, ya que rompe el equilibrio de la relación entre iguales y puede llevar a dinámicas disfuncionales como la sobreprotección, la dependencia o la distancia. Esta dinámica reemplaza la relación de pareja por una relación de padre/madre e hijo/hija, impidiendo que la relación se desarrolle de forma saludable y equitativa, afectando también la intimidad y la conexión emocional adulta.

La solución es volver a establecer el orden natural de la relación, donde ambos son compañeros en igualdad de condiciones, permitiendo la relación adulto-adulto sin dejar que la pareja se haga cargo de lo que a uno le corresponde o sin hacerse cargo de lo que le corresponde al otro.

Evidentemente esto requiere de mucho diálogo, del reconocimiento de las áreas de oportunidad en cada uno, de la toma de decisiones en los casos necesarios y, por supuesto, cuando se requiera, pedir ayuda profesional.