Un espectáculo de creatividad y tradición que roba miradas

Por: Ángel Reyes

  • Posee un magnetismo visual que el público no solo disfruta presenciar, sino que ansía inmortalizar

Más allá de los altares multicolores, las ofrendas aromáticas y los tumultuosos desfiles, hubo un elemento que se robó la escena durante las celebraciones del Día de Muertos: la ecléctica y fascinante galería de catrinas humanas que inundaron calles y plazas. El público adoptó esta icónica figura con una pasión contagiosa, transformando una tradición ancestral en una explosión de arte y expresión personal.

En algunos lugares, esta manifestación se coronó con la formalidad de un concurso; en otros, floreció de manera espontánea como un puro derroche de ingenio. Desde interpretaciones fúnebres y misteriosas hasta propuestas divertidas y llenas de vida, la diversidad fue la norma. Pero, sin duda, la originalidad fue la reina indiscutible de la festividad. Ejemplo de esto fueron Puerto Vallarta y Bahía de Banderas, donde principalmente las mujeres hicieron gala de un exquisito sentido estético, presentando caracterizaciones que eran pura poesía visual.

Este desfile de elegantes calaveras se pudo apreciar en su máximo esplendor durante el 1 y 2 de noviembre. Sin embargo, el festejo comenzó desde antes, con anticipados avistamientos tan tempranos como el 31 de octubre, tal como sucedió en el malecón de Marina Vallarta durante la inauguración del Art and Market, donde las primeras catrinas hicieron su aparición estelar.

Pero este fenómeno ha trascendido ya el mero ritual. La caracterización de la Catrina se ha consolidado como un espectáculo en sí mismo, un magnetismo visual que el público no solo disfruta presenciar, sino que ansía inmortalizar. Disfrutan posando para la cámara, convirtiendo un momento efímero en un recuerdo eterno y compartido. Es así como este símbolo mexicano por excelencia evoluciona, consolidándose como una muestra de arte etéreo, vibrante y, está claro, llegó para quedarse.