Barbas a remojar

La ciudad imaginada / Por: José Alfonso Baños Francia

En las últimas semanas ha circulado en prensa y redes sociales una serie de problemáticas en Tulum, destino que había mantenido una tasa de crecimiento continua, gracias al atractivo del sitio arqueológico y del litoral del Caribe. Las condiciones estaban dadas para asegurar su vigencia en el mapa turístico global, formando parte del “exitoso” corredor de la Riviera Maya.

¿Cuáles son las razones del aparente fracaso…? Todo apunta que Tulum siguió al pie de la letra los errores que hicieron colapsar a Acapulco, otrora estrella del firmamento turístico mexicano, al llevar al extremo los excesos vinculados con la actividad recreativa. Ello se materializa en el abuso territorial, la precarización laboral, el alto costo de vida y el secuestro institucional por parte del crimen organizado. El concepto de “acapulquización” ahora encuentra paralelo en la “tulumnización”.

Si miramos a la zona metropolitana conformada por Bahía de Banderas y Puerto Vallarta, parece que estamos siguiendo los mismos pasos y acusando de muchas de las fallas mencionadas. Una de nuestras ventajas competitivas fue la presencia de un patrimonio singular, definido por la fisonomía de su arquitectura tradicional; sin embargo, lejos de mantener esos valores, nos hemos empeñado en destruir los elementos distintivos y de identidad, a pesar de los esfuerzos de preservación impulsados por individuos y algunos organismos de la comunidad.  

En cuanto a la riqueza del ambiente natural, hemos heredado una diversidad de flora y fauna, expresada en unidades de paisaje valiosas ubicadas en el litoral, valle y serranía. Lejos de proteger estos atributos, nos hemos empeñado en afectarlos con acciones como la constante tala de árboles, la sequía de mantos freáticos para levantar edificios y la invasión a cauces en ríos y arroyos de temporal.

Otro factor había sido la “amabilidad” de los vallartenses, configurándose el imaginario de la sonrisa en los labios y la mano en el corazón. Quizá no estábamos tan convencidos de practicar la cortesía, pero encontramos conveniente mostrar una buena actitud para asegurarnos una propina. Hoy, advertimos múltiples formas de neurosis y prevalece entre nosotros una violencia pasiva que dista de la ídilica sensación de eterna felicidad.   

Finalmente, aparece el costo de vida en nuestro entorno. Por varios años, se mantenía un balance entre los servicios prestados y el precio que se pagaba por permanecer en el paraíso. De unos años para acá, el “éxito” de nuestro destino se ha vuelto contra nosotros, en efecto bumerang, azotados por la especulación, la codicia y el desenfreno.

Los excesos de la actividad recreativa en Tulum, Cancún o Acapulco son un espejo donde debemos mirarnos para corregir el rumbo. La región parece dirigirse a pasos agigantados a un camino sin retorno de fracaso turístico. El marcado descenso de visitantes en los últimos meses, ha prendido los focos amarillos y nos muestra que la fórmula local ha entrado en zona de turbulencia. Es tiempo de poner las barbas a remojar y aplicarnos para mejorar en todas las actividades que realizamos.