Soluciones eficientes
La ciudad imaginada / Por: Dr. José Alfonso Baños Francia
La velocidad en las transformaciones de la civilización actual implica la necesidad constante por mejorar prácticas, infraestructuras y hábitos adquiridos. Pesa en el ambiente la sensación de que apenas hemos identificado un problema y nos disponemos a atenderlo, cuando ya han cambiado las variables que le daban vida.
Ante la urgencia por resolver las problemáticas, solemos aplicar remedios que pueden resultar peores que la enfermedad. Un caso lo tenemos con la provisión de protección a los ciudadanos. Es sabido que estamos enfrentando una crisis de inseguridad sin precedentes en el país, sin que los gobernantes actuales asuman su responsabilidad y prefieran buscar culpables en administraciones que hace varios sexenios dejaron de gobernar. Para mejorar la gestión policial, se han ido instalando módulos (también conocidos como tótems) en puntos estratégicos para que los posibles afectados contacten directamente a las fuerzas del orden. Esta infraestructura de protección es necesaria pero su instalación ha sido realizada, en muchas ocasiones, sin consideraciones a la imagen urbana ni al paisaje en que se inserta. Así, en el Malecón y otros lugares turísticos, cuelgan los cables en dichos elementos, afectando calidad del espacio público y demeritando la imagen que es percibida por el turista.
Otro ejemplo ocurre con la instalación de paneles solares a lo largo y ancho de la geografía urbana. Todos estamos de acuerdo en buscar medios de generación de energía que sean menos impactantes que los tradicionales, pero las empresas o personas responsables de colocarlos solo toman en cuenta la eficiencia del sistema y no observan los impactos visuales que generan estos elementos tecnológicos.
Recientemente, una empresa con venta de productos refrescantes enfrente de la Plaza de Armas vallartense, comenzó a instalar una estructura para montar los paneles sin ningún criterio de respeto a la identidad urbana y arquitectónica local. El único objetivo aparente de los promotores era asegurar la eficacia máxima del panel, dejando de lado la armonía edilicia del entorno, del cual se benefician al ser un negocio de vocación turística. Y ello ocurre frente a unos de los espacios más emblemáticos de nuestra comunidad, cuanto más en lugares menos distintivos.
Llama la atención la escasa conciencia ciudadana respecto al cuidado del contexto en el cual vivimos. Para ello, la autoridad municipal debe estar atenta y realizar las correcciones que aseguren que las lícitas necesidades individuales sean resueltas con sentido colectivo. Una de las trampas de la actual narrativa dominante es imponer que la eficiencia en el rubro económico es el activo más importante a cumplir, aunque para ello, sucedan afectaciones al tejido colectivo.
Desde este espacio abogamos para que pueda darse solución a ambas realidades legítimas, pero con criterios de sostenibilidad, donde la atención a los múltiples rezagos tenga como meta su consecución armónica, con ganancias en todos los frentes. Abrir los ojos y buscar el bien de buena voluntad son imperativos necesarios para seguir habitando en lugares eficaces, bien equilibrados y significativos.

