El impacto de los medios de comunicación en la Salud Pública

Medicina Familiar/ Dr. Marco Antonio Inda Caro / Médico de Familia

Y ¿qué decir del pseudoperiodista? Ese que, cuando tiene un desacuerdo en sus intereses, culpa a los trabajadores de la salud y toma su celular para grabarlos, exhibiendo su pensamiento anárquico, ilógico y falto de ética

Algo que sí está cambiando es la atención médica, tanto pública como privada. Un paciente con recursos, cuando acude a consulta, llega pidiendo lo que quiere, argumentando: “Yo voy a pagar, quiero algo rápido que no interfiera con el alcohol y, de preferencia, tomado”. El paciente del servicio público llega exigiendo atención rápida, con el especialista que él considere adecuado y en el tiempo más corto posible. Si no lo consigue, saca su teléfono, hace llamadas o prende la cámara.

Una situación que nos distingue entre las personas es la imagen y la voz. La protección jurídica de estos elementos es un derecho a la personalidad; por ende, es un derecho subjetivo que faculta a la persona para impedir que su apariencia física y/o su voz sean reproducidas de cualquier manera sin su consentimiento.

El impacto que ejercen los medios de comunicación en la salud pública, tanto a nivel colectivo como individual, es enormemente importante en nuestros tiempos. Incluso el presidente de México los utiliza para dar a conocer en vivo las noticias y los avances de su gobierno en cada conferencia matutina. Estas herramientas tienen un fin común: confrontar creencias y conductas, y cada persona les otorga una importancia particular.

En la mayoría de los casos, los medios de comunicación son utilizados para manipular el quehacer del servidor público, y es poco común que se utilicen para destacar las habilidades, bonanzas y beneficios de las instituciones de salud. Sin embargo, la ideología del beneficiario del régimen de salud pública, en calidad de paciente, siempre trata de obtener alguna ventaja. Un ejemplo es el caso de un paciente que presentó una queja ante la función pública porque quería una cita en traumatología y ortopedia lo más pronto posible, a pesar de que ya tenía una asignada en las próximas semanas y había sido evaluado previamente. Al explicarle que no se le podía adelantar la cita sin afectar a otro paciente, se quejó de que no se le quiso apoyar y que se le habló de manera violenta.

Otro caso es el de un paciente del mismo régimen, residente en las comunidades de Bahía de Banderas, quien se hace llamar reportero de un periódico electrónico. Su esposa llegó tarde a su cita médica, por lo que se dio prioridad a un paciente en lista de espera. Ante esto, el supuesto periodista tomó su teléfono celular para grabar y evidenciar al médico, haciendo pública “la falla del sistema”.

Este mecanismo infundado, sin escrúpulos y destructivo está orquestado y magnificado por internautas hegemónicos con la intención de dominar un Estado político-social y crear desconcierto público. Hemos avanzado muy poco en la era de la digitalización. Un ejemplo de ello es la Ley Olimpia, que prohíbe la difusión de imágenes de contenido íntimo y que entró en vigor el 2 de junio de 2021.

Si bien es cierto que la mala praxis conlleva responsabilidad jurídica por negligencia médica, lo cual ha estado vigente por mucho tiempo, ¿qué hay de esos falsos reporteros que evidencian públicamente la práctica médica sin que exista una falta administrativa real? Un paciente con una dolencia crónica, aparentemente sano físicamente y sin limitaciones visibles, solicitó una cita más pronta solo porque así lo consideró oportuno. Y ¿qué decir del pseudoperiodista? Ese que, cuando tiene un desacuerdo en sus intereses, ya sea por errores propios o simplemente porque no hay existencia de ciertos medicamentos, culpa a los trabajadores de la unidad médica y toma su celular para grabarlos, exhibiendo su pensamiento anárquico, ilógico y falto de ética.