La socialización es importante a cualquier edad
Aprendiendo a ser feliz / Hania Sosa Contreras / Psicóloga
El ser humano es un ser social por naturaleza. De entre los mamíferos, somos el que, para sobrevivir, necesita de su tribu durante mucho más tiempo después de nacer; ya desde ahí nos diferenciamos mucho con el resto de los mamíferos.
El crecer o cumplir años no nos va quitando esa naturaleza social. Si bien existen casos muy aislados de niños que crecen con alguna condición que podría caracterizarse por tener dificultad para la socialización, eso no elimina el hecho de que, aun así, deseen y necesiten socializar.
En ocasiones, las experiencias que vivimos durante nuestra primera infancia van marcando nuestra forma de interactuar con el mundo. Esto podría hacer que de pronto algún niño o niña se vuelva más introvertido de lo natural; sin embargo, si creciéramos en las condiciones óptimas (o lo más cercano a ello) la mayoría de los seres humanos buscaría el contacto y la interacción con otros.
El problema entonces, reside en el hecho de que los niños van creciendo, por un lado, sin sentirse seguros de explorar el mundo mientras interactúan con otros niños porque no cuentan con esas figuras de apego saludables y, por otro, porque ahora no les estamos fomentando esa convivencia o socialización en persona. Los niños están absorbidos por la tecnología, tabletas, computadoras, teléfonos, videojuegos o televisiones (y de hecho este último aparato ya es el que menos usan), resultando todo ello en una carencia de habilidades sociales; pero el problema no está sólo ahí, adolescentes y adultos se encuentran hoy en día también atrapados por la tecnología, usando su tiempo “interactuando” con otros por medio de las redes sociales, creyendo que de esa forma están verdaderamente socializando; creyendo que tienen muchos amigos y sintiéndose reconfortados por el hecho de que reciben alguno que otro “like”. No obstante, ya cuando sueltan los aparatos, conectan con el verdadero sentimiento que hay detrás… y ese sentimiento suele ser la tristeza o la soledad.
El año pasado me tocó darme cuenta de la gran cantidad de personas adultas que sufren por el hecho de carecer de momentos de socialización. A veces esto es debido a que necesitan más herramientas para desarrollar la habilidad de socializar, y en otras ocasiones sencillamente porque no encuentran la oportunidad para hacerlo.
Adultos jóvenes que están atrapados en la rutina del trabajo y las responsabilidades del hogar (incluso cuando no tienen hijos). No por nada existen los grupos donde se reúnen personas de la tercera edad, o los asilos o las casas de día en donde estos adultos mayores pueden ir a convivir con otros de su generación.
A cualquier edad es indispensable que tengamos esos momentos de interacción en persona con otros. La necesidad de socializar no es exclusiva de los niños, adolescentes o de los adultos mayores; todas las personas la requieren, y el trabajo no la suple.
La socialización en los adultos es fundamental para nuestro bienestar; reduce el estrés, la ansiedad y la depresión, mantiene el cerebro activo y previene el deterioro cognitivo, fortalece las relaciones, brinda apoyo y fortalece la autoestima, mejora el sistema inmunológico, fomenta el sentido de pertenencia y comunidad. Por lo tanto, en nuestros propósitos no sólo para este año sino para cada año de vida que tengamos, deberíamos incluir atender nuestra área social, ya que, sin ella, tarde o temprano caeremos en riesgos a la salud tanto física como mental.

