Resiliencia y sostenibilidad

La ciudad imaginada. Autor: Dr. José Alfonso Baños Francia. Correo electrónico: ciudad.imaginada.pv@gmail.com

Es necesario que el río Pitillal cuente con buenas condiciones para evitar inundaciones y aunque es digno de reconocer el esfuerzo de la administración municipal, también resulta cuestionable la manera en que está siendo realizado el desazolve, sin mostrar sensibilidad para la flora y fauna existente y que ha sido removida de tajo.

Por: Dr. José Alfonso Baños Francia

La semana pasada comenzaron las obras de desazolve en el cauce del río Pitillal realizadas con el objetivo de mejorar la capacidad de desfogue pluvial y evitar inundaciones. Según se dio a conocer por medios oficiales, hace más de una década que no ocurren estas tareas por lo que las acciones eran inaplazables.

Vale recordar que a finales del siglo XX, ocurrieron algunos desbordamientos en el río Pitillal, afectando a colonias aledañas como Vallarta 500, Villas Río o Aramara. Un factor determinante era que el cauce corría paralelo a la avenida Prisciliano Sánchez, dibujando una curva que reducía la velocidad de salida, impactando en el contexto urbano inmediato.

Para afrontar esta problemática, hace casi dos décadas se llevaron a cabo obras de infraestructuras para que el cauce fuese recto y facilitara el desplazamiento pluvial, sobre todo en temporada de lluvias.

Esta dinámica pone de manifiesto una de las debilidades del crecimiento urbano en Puerto Vallarta, caracterizado por la ocupación desordenada donde la imposición de intereses particulares ignoró la compleja red de escurrimientos que existe en la geografía del centro de población.

El mantenimiento de los cauces es responsabilidad de las administraciones locales incluida la actual que lleva casi cinco años en el poder (en dos periodos). Si bien hay un programa de desazolve anual, ello no ha evitado inundaciones frecuentes en colonias como Los Portales, impactada por errores de diseño urbano y sus condiciones de localización.

Por ello, es necesario que el río Pitillal cuente con buenas condiciones para evitar inundaciones y aunque es digno de reconocer el esfuerzo de la administración municipal, también resulta cuestionable la manera en que está siendo realizado el desazolve, sin mostrar sensibilidad para la flora y fauna existente y que ha sido removida de tajo.

El descuido en el proceder ha despertado la indignación de una parte de la sociedad vallartense, influida por la poca credibilidad en el actuar gubernamental ante la defensa del patrimonio ambiental.

En los últimos años presenciamos la indolencia oficial antes los retos ambientales, como sucedió con la masiva contaminación de aguas negras al estero El Salado por la ruptura del colector (marzo del 2019), la quema de predios ejidales en la montaña (coamileros) o la modificación en la topografía y el trazo de la carretera federal de la zona sur para favorecer a poderosos corporativos hoteleros, en detrimento de la calidad de vida comunitaria. Tal parece que en los destinos turísticos, el cuidado de la naturaleza es un estorbo, antes que una riqueza que debemos atesorar.

La resiliencia, como herramienta para prevenir y anteponerse a los riesgos urbanos debe ir acompañada del respeto a la naturaleza. La llamada a construir una comunidad sostenible pasa por balancear la dimensión económica, social y ambiental. Ello no sucedió en el desazolve del río Pitillal donde la “eficacia” de las dos primeras, le pasó por encima a la casa común, esa que estamos invitados a custodiar y preservar, incluyendo al Ayuntamiento y a las obras de infraestructura que ejecuten.

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