No solo con buenas intenciones se cambia el mundo

Educación y parentalidad

-“Todo el mundo piensa en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.”
Leon Tolstoi.

Para un mejor país, necesitamos evolucionar como ciudadanos responsables con nuestro entorno y con nosotros mismos

Dr. Jesús Cabral Araiza

En más de un sentido, uno de los trabajos más demandantes y retadores que he tenido fue hace casi dos décadas. Un cambio de ciudad y de rol de vida estaba en puerta, y era un reto que no podía dejar escapar. La posibilidad de mejorar mi ingreso, la calidad de vida para mi familia y nuevas expectativas favorables en general no podía dejar que se esfumaran. Tomé el reto y resultó, en efecto, altamente demandante en muchos sentidos. Una de las primeras cosas que un amigo cercano me dijo y que a la fecha me han servido fue, “No le digas al jefe de tus planes o proyectos, dile lo que ya has hecho y trae evidencias.” Dichas palabras fueron de muchas formas de las mejores que me han servido para tratar de ponerme y enfrentar diversos retos de vida en el mundo laboral principalmente.

Tiempos de promesas.

Por estas semanas –y las que faltan- tenemos un bombardeo increíble de promesas de campaña, que en lo personal, no hacen más que desilusionarme, ¿Por qué? Se preguntará algún ingenuo lector. Simple, prácticamente todos los candidatos a los diversos cargos de elección han trabajado en diferentes momentos y con diversos cargos en el gobierno. Por lo tanto, han tenido la oportunidad de hacer cosas en política que mejoren la calidad de la misma política y de las condiciones de indefensión en la que tiene metido a nuestro país, por tanto, la pregunta obligada sería, ¿por qué no lo han hecho antes?, ¿por qué ahora más promesas?, ¿recuerda la historia inicial que le contaba? Por ello mi molestia, pues han aprendido que prometer no empobrece y menos compromete a hacer lo que se ha prometido, aun cuando lo firman ante notario, lo juran ante la virgen o su madre (en el supuesto de que algunos tengan), y es tal el hartazgo social, que precisamente el elector que piensa un poco su voto, no encuentra buenas opciones o buenos candidatos.

Poner las barbas a remojar.

Sé que en principio esto pareciera una crítica, como muchas otras igual se presentan estos días, pero mi intención va más allá, pretende hacer una pausa de reflexión, y si bien reconocer las fallas en los sistemas, las personas, las campañas y los partidos, por igual llamar a cuentas a la conciencia del sujeto para saber que los grandes cambios inician por las personas comunes. Veamos por qué.

Es momento de repensar las acciones de los gobernantes iniciando por las de los ciudadanos comunes, así es, como usted y yo. O acaso ¿piensa de verdad que habrá un mesías o un salvador que pueda por sí solo cambiar los problemas de más de 120 millones de mexicanos con la magia de su presencia? Ese cambio milagroso, le adelanto, no sucederá, lo más predecible será ver un líder novato que aprende de sus errores, que en el mejor de los casos y ante el hartazgo y el escrutinio social más cerrado, se cuide de hacer tropelías y agravios como los que hemos visto durante muchos años, pero que en verdad si queremos ver un cambio este vendrá de la sociedad civil organizada, como ha sido el caso de Egipto, Turquía o algún otro país en dónde las personas han exigido un buen gobierno.

 ¿Qué hacer entonces?

La primer revolución está en nuestra psicología, no pretendo dar un recetario, pero sí una serie de reflexiones a su consideración para que vea que sí podemos hacer algo.

Nuestro entorno. No sólo en casa, en la playa la calle, los parques o cualquier lugar público, necesitamos limpiar y entender que es de uso para todos, puede observar bastantes videos que circulan sobre la cultura del respeto y la limpieza de los lugares públicos en Japón y quizás entenderá mejor de qué hablo.

Educar en Valores. Si nosotros en casa no iniciamos a educar a los niños en valores y con nuestro ejemplo, las generaciones venideras estarán destinadas a conductas más lamentables de las que observamos hoy en día. Nos falta aún bastante por enseñar el respeto a las propiedades y a los otros, a la opinión ajena, a ser tolerantes, construir en equipo y muchas cosas más que pasan cuando hay buenos valores inculcados.

Hacer bien lo que nos corresponde. Si somos obreros, empleados, maestros, estudiantes, cocineros, afanadores, albañiles, deportistas o cualquier otra actividad profesional y productiva, nos toca hacerla con profesionalismo, agradecimiento y entusiasmo, ¿no cree usted? Confió que algo servirán de estas líneas, pase buen día.

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